David Herrerías Guerra


El Problema es que no nos ponemos de acuerdo
11/Mayo/2011
Al calor de las discusiones más álgidas, un amigo mío soltaba su frase favorita: “Todos los problemas en este mundo se reducen a que no nos ponemos de acuerdo”. Esperaba siempre  el reclamo de alguien – “¡No, no es cierto, cómo crees, no es tan simple!”, para espetarle: “Ya vez, queda comprobado”.  
Yo también quiero un México en Paz, sin violencia. Eso lo digo yo, pero son también las palabras de Felipe Calderón, y creo que las puede suscribir el 95% de los Mexicanos. El problema está en los comos o las ideas que tiene cada uno respecto al diagnóstico, a las causas y a las soluciones. Vivimos en un país dividido, no sólo por la violencia, porque nuestras divisiones son añejas. La conquista encabezada por un puñado de españoles fue posible gracias al odio jarocho que le tenían varios pueblos indígenas a los imperialistas aztecas. Y desde nuestra independencia no hemos logrado tener una idea compartida de lo que queremos como nación. Los escasos espacios de paz se han dado en buena medida gracias a gobiernos más o menos dictatoriales, o a democracias disfrazadas.
 
Estando todos de acuerdo en los fines – un México sin violencia – la verdad es que no logramos ponernos de acuerdo ni en las causas ni el los remedios de nuestra enfermedad. Y la división, contra lo que a veces afirmamos de forma simplista, no se da nada más entre la clase política: es desgraciadamente, una fisura que atraviesa como falla geológica a toda la Nación. Nuestros partidos y nuestros gobiernos son en buena medida expresión de nuestra propia incapacidad para ponernos de acuerdo.
 
Hace pocos años hubo una marcha por la paz, masiva e impresionante. A esa muchos no asistieron porque era sospechosamente apoyada por las grandes cadenas de televisión, por los empresarios más ricos de México, los poderes fácticos. Fue una marcha muy fresa, dirían algunos. La del domingo, también masiva, era convocada por un poeta católico, pero de izquierdas. Convocó a otros grupos, suscitó simpatías de otro signo: los zapatistas, los de Atenco (sin machetes, a petición de Sicilia), las organizaciones de Derechos Humanos. Es difícil saber cuántos mexicanos acudieron a las dos marchas, pero en el conjunto, no eran los mismos.
 
Los periodistas y analistas tampoco se ponen de acuerdo, y así como en algunos medios la marcha de hace años fue descalificada, no han faltado opinadores que se han apresurado a descalificar la marcha reciente. Pedir la cabeza de García Luna fue un error de Javier Sicilia, en parte, porque todo su análisis anterior no personalizaba las culpas, sino que iba más a fondo, a las estrategias, a las concepciones generales del problema. No es una persona la culpable, sino todo un sistema. Pero además,  les dio a muchos el pretexto para descalificar todo lo demás. Si se siguen las notas de prensa, las cabezas de los diarios, los artículos de opinión, la renuncia de García Luna acapara toda la atención y deja tras la bruma de Tres Marías, en la México Cuernavaca, las peticiones de fondo, que son las que hay que discutir.
 
Hay una serie de asuntos puestos en la mesa por el poeta católico que valdría la pena discutir y consensuar, primero entre organizaciones ciudadanas y luego frente a los gobiernos y los partidos. Me parece que muchos estaríamos de acuerdo. Estas exigencias, de las que dio cuenta Milenio, son (lo anotado entre paréntesis es mío):
 
• Detener la violencia generalizada en el país.
• Firmar un pacto nacional ciudadano para fiscalizar y hacer cumplir a los gobernantes y políticos sus obligaciones (extender las leyes de transparencia a los partidos políticos, por ejemplo)
• Establecer un calendario para que los militares vuelvan a los cuarteles de manera paulatina. (No se trata de retirarlos de un día para otro, como han caricaturizado algunos)
• Crear estrategias consensuadas y definidas para no quedar a merced de los delincuentes.
• Detener a autores materiales e intelectuales de los crímenes.
• Poner fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana. (Lo cual supone discutir la legalización de las drogas, y verlo como un problema de salud)
• Combatir corrupción, impunidad y ganancias del crimen. (Ataque frontal al lavado de dinero, al tráfico de armas)
• Atender a la juventud con acciones que recuperen el tejido social.
• Mejorar la democracia representativa y la democratización en los medios de comunicación. (Abrir la competencia en los medios, abrir candidaturas independientes)
 
Y habría otras que podríamos discutir. A fin de cuentas, lo que se quiere afirmar tajantemente, es que no hay una sola vía, una sola alternativa para combatir al crimen, como nos lo quieren hacer creer. Lo que es evidente es que la estrategia actual no ha funcionado, porque ha producido mucho más muertes y no ha frenado tampoco el consumo, sino que lo ha disparado. Nunca habíamos estado en una situación tan grave de inseguridad y de violencia demencial ¿podría ser este un pretexto suficiente para ponernos de acuerdo en algo?.
DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png