David Herrerías Guerra


De Ratas, Elefantes y Camellos
04/Mayo/2011
En 1960 un grupo de ratas de laboratorio de las que ignoramos sus nombres y señas particulares, fueron sometidas a un experimento muy interesante. Fueron divididas en tres grupos y puestas en una caja de cristal, de la que se podía salir mediante un mecanismo adecuado a su capacidad intelectual. Para animarlas a buscar esta salida, se les aplicaban descargas eléctricas. Los encargados de la prueba, que debo aclarar, eran científicos norteamericanos, no guardias de Guantánamo ni miembros de la PGR, habían sometido al primer grupo (A), a una prueba muy parecida, de la que las ratas habían logrado salir; al grupo B no lo habían sometido a ninguna prueba previa y al grupo C, las habían mantenido sujetas también a choques eléctricos, pero en una caja que no tenía salida posible. El resultado fue que las ratas del grupo A encontraron la salida rápidamente y se libraron de los toques eléctricos, utilizando la experiencia de la prueba anterior. Las del grupo B, tuvieron que aprender desde el principio, pero con un poco más de tiempo encontraron también la salida. Las del grupo C, al empezar a recibir las descargas eléctricas se resignaron a su suerte y recibieron las descargas sin hacer nada por salvarse. Si los científicos, movidos por la compasión o por la preocupación de aumentar el recibo de la electricidad más allá de los presupuestado, detuvieron las torturas.

Es un experimento clásico que los psicólogos conocen muy bien. Más poético resulta el relato que leí alguna vez, sobre las razones por las que un elefante de circo no se suelta de una estaca que podría arrancar fácilmente, porque cuando era bebé luchó por soltarse y no lo logró; o el cuento de un camello al que atan una cuerda imaginaria y que no se decide a andar si no se hace el ademán de soltarlo, aunque sea de manera también imaginaria, porque aprendió que cuando el camellero lo ataba de esa forma no había forma de librarse.

Todos estos ejemplos, metafóricos y científicos, nos hablan de la “indefensión aprendida” que describen los psicólogos, o del fracaso aprendido o como quiera usted llamarle, pero que significa que, cuando una persona, un grupo humano, o una sociedad ha tenido a lo largo de su vida fracaso tras fracaso, termina pensando que no se puede hacer nada para que las cosas cambien. En México hay mucha gente que siente que todas las experiencias pasadas en la política nacional son suficientes para pensar que, efectivamente, estamos sujetos a un estaca de la que no podemos zafarnos. Hay muchas malas experiencias que pueden hacernos sentir como las ratas, elefantes o camellos de los casos anteriores. Pero hay también muchas evidencias de que hemos logrado cosas a partir de nuestras acciones.

Hace unos días, la Cámara de Senadores turnó a la Cámara de Diputados una reforma electoral que, aunque incompleta, contiene muchas modificaciones que hace tres años no estaban en la mesa de discusión de la mayoría de los partidos y de los políticos. Muchas son ideas añejas, pero fueron puestas en la mesa a partir del movimiento del voto nulo y de otras acciones ciudadanas que se presentaron en el último período electoral, mostrando el hartazgo de una buena parte de los electores.

Las candidaturas independientes que pueden ayudar a romper el monopolio de los Partidos Políticos; la iniciativa ciudadana, la consulta popular, la discutida pero interesante posibilidad de reelección de senadores (por un periodo) y diputados (dos periodos); la reelección de los alcaldes, reelección de presidentes municipales… Son todas ellas modificaciones insuficientes pero interesantes. Insuficientes porque en algunos casos falta avanzar en la reglamentación correspondiente de forma que no queden en letra muerta; insuficientes, porque algunas, como la reelección de diputados y senadores, si no van acompañadas de mecanismos adecuados para que un diputado no electo pueda obtener su curul por la vía plurinominal, no serviría de nada. Insuficientes porque hay aspectos que no se incluyeron y que son demandas ciudadanas, como el excesivo financiamiento a los partidos y las formas de elección de los legisladores plurinominales, o la disminución del tamaño de las dos cámaras. Insuficiente, porque al fin, la Cámara de Diputados todavía no la aprueba, y es probable que ahora estén sacando sus calculadoras para medir cuántos votos puede darle o quitarle una reforma así en el 2012 a cada partido y no sabemos si saldrá en un período extraordinario o se meterá al congelador para descongelarla en otra época.

Pero lo importante, por ahora, es que se ha logrado que estos asuntos caminen en el Congreso. Se nos dirá, si sale la reforma, que toda ella es fruto de la creatividad y buena voluntad de los señores y señoras legisladores que sin presión de ninguna especie, sino por su celo democrático y vocación de servicio, llegaron a la conclusión de la necesidad de impulsar estas reformas que afinan la democracia que han ido construyendo en nuestro provecho y beneficio. Nos les regateamos la parte que les corresponde en la paternidad, tanto al poder legislativo como al ejecutivo. Pero no queda la menor duda de que la reforma trae entre sus genes mucho de la presión ciudadana.

Ojalá nos sirva para descubrir que la estaca que nos ata nos es tan irrompible, y que podemos seguir empujando, por una reforma política completa, por un cambio en las políticas de seguridad (marcha del 8 de mayo), por un

Publicado en Milenio Diario, León, 4 de mayo del 2011 (http://impreso.milenio.com/node/8953249)
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