David Herrerías Guerra


Artículo Basura
13/Abril/2011
El lunes  por la mañana, al salir de mi casa, en San José el Alto, veo las pilas de basura que se han acumulado en el canasto que pusimos fuera de la casa. Es el espectáculo de todos los lunes. Nosotros separamos la basura y sacamos muy poca, porque la orgánica la hacemos composta y otra parte la vamos llevando a otros lugares, ya clasificada. Pero invariablemente el canasto que pusimos en la banqueta de la casa, está rebosante, como un cuerno de la abundancia, pero de platos de unicel con restos de comida. Lo más probable es que como se han mezclado los desechos, algunos perros ya han husmeado y roto algunas bolsas, o que algún pepenador haya abierto otras para buscar tesoros escondidos. El resultado invariable es un reguero de basura por la banqueta y la calle.
 
La historia es vieja. Hace mucho tiempo, veíamos que los vecinos, en su mayoría casas de fin de semana, dejaban en el suelo sus bolsas o las tiraban en un terreno, en la esquina.  Se nos ocurrió la idea de poner canastas para elevar las bolsas. Hicimos varias canastas de metal, y las colocamos nosotros mismos en varios puntos, cerca de las casas para que cada quien pusiera sus bolsas en sus canastas. Después de unos pocos días, descubrimos que las canastas de todos los vecinos habían desaparecido, menos la nuestra. No hay un nombramiento oficial, pero me parece que nos eligieron como basureros de la cuadra.
 
Con el tiempo y después de agudas observaciones, nos dimos cuenta de que el fenómeno era más complejo: prójimos no tan próximos, o sea de algunas cuadras a la redonda, depositaban también sus bolsas en nuestro poco flamante canasto de basura. Y descubrimos la razón: el camión pasa tres veces a la semana por la calle principal de San José el Alto, pero no recorre otras calles aledañas. Por eso la gente tiraba la basura en un terreno. Al poner nosotros los canastos evitamos que la gente tirara la basura en el terreno… pero la deja  enfrente de nuestra casa. Los otros vecinos no agradecieron nuestro canastos, porque significaba que se convertían en candidatos a basureros de la comunidad, cargo menos honroso que el de diputado, por poner un ejemplo.
 
Pero decía al principio del artículo “el lunes por la mañana”. ¿Porqué, se preguntará el lector aguzado y perspicaz, inicia un artículo dando una pista temporal si nos iba a hablar de pura basura? Porque el lunes por la tarde, después de constatar el tiradero de basura del lunes por la mañana, asistí a la presentación de los resultados de la segunda verificación del Observatorio Ciudadano de León.
 
De entrada hay que decir que el esfuerzo por construir indicadores que nos permitan tener parámetros de evaluación del funcionamiento de un gobierno, es loable, y que los datos irán cobrando cada vez más relevancia en la medida en que se vayan sumando a las evaluaciones subsecuentes.  Además los datos, que pueden ser consultados en Internet, empiezan a dar una visión global de los acentos, las virtudes y defectos de la administración actual: no es casual, me parece, que el cuadrante de desarrollo institucional, que tiene que ver con la administración interna sea el mejor evaluado y que el de desarrollo social incluyente el peor evaluado.
 
Es verdad que como la misma Ana María Carpio reconoce, el OCL nace de este gobierno municipal y eso lo marca. Pero si vemos a futuro, en la medida en que los gobiernos vayan cambiando y que el nexo con el grupo gobernante se vaya diluyendo, irá aumentando su independencia. La principal limitación, hasta ahora, está en que para obtener una nota aprobatoria, es cumplir con las condiciones mínimas, como contar con los programas, los planes, los instrumentos…
 
Y aquí logro conectar el inicio de mi artículo con el final, porque el caso de la basura es paradigmático. Los evaluadores constataron que, efectivamente, existe un plan de rutas para la recolección y disposición de la basura. Y en el papel, la cobertura es adecuada. Pero una cosa es lo que dice el papel, que les da una buena nota, y otra cosa es lo que pasa en la realidad.
 
Que haya rutas para los camiones, no garantiza que se recoja toda la basura. Tampoco se valoró por ejemplo, la frecuencia de esas rutas, o la limpieza de las mismas calles, o la existencia de basureros en terrenos baldíos. Esto no invalida el instrumento, pero deja muy claro que es necesario complementarlo con otro tipo de información que pueda dar cuenta, no de cumplimiento de metas en el papel sino de los resultados reales.
 
No es algo que el OCL ignore y lo están contemplando, por lo que me parece, que a pesar del escepticismo que pueda generar por su lugar y forma de nacimiento, vale la pena sumarse a este esfuerzo y sumar perspectivas, con vistas a futuro. Quien quita y un día pueda ver limpia mi calle.


Publicado en Milenio Diario, León, 13 de abril del 2011 (http://impreso.milenio.com/node/8943026)
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