David Herrerías Guerra


Otro crimen sin resolver
20/Abril/2011
– ¿Nombre?
– Pedro.
– ¿Alias?
– Simón.
– ¿Conocía al occiso?
- Claro, él mismo me puso el alias… porque así le contesté la vez que me dijo que si me sumaba a su grupo, le dije ¡Simón, Maestro! y me dijo: “te voy a llamar Simón, porque tú eres el primero que me dices que sí te sumas a este rollo de construir un mundo más justo y fraterno”.
– Uy queee bonito...
– No se burle.
– Bueno, bueno, sigamos: ¿por qué dice ahora que sí lo conocía, si hace rato en la patrulla dijo que no?
– Pues porque el miedo no anda en burro, pero luego me acordé que ya él me había advertido: “cuando la cosa se ponga color de hormiga a ti se te va poner la piel de gallina y vas a ver que ni te atreverás a decir que me conoces…”.
– No se necesitaba ser adivino para saber que usted se iba a arrugar a la primera…¿sabe por qué lo mataron?
– Ya le dije que me arrugué nada más tantito. Pero lo de su desaparición estuvo muy raro, porque apenas hace unos días hubo un mitin donde lo querían hacer presidente o gobernador, y le echaban porras y toda la cosa, y de repente la gente se le volteó, y lo abandonaron… o lo abandonamos, para que es más que la verdad, menos las mujeres, que siempre son las más entronas. Pero yo creo que fueron los mismos tiras, le sembraron droga para justificar un tiroteo, lo mataron como narco, como ladrón, y él no era nada de eso, él de veras que era bueno…
– Acá tengo otras versiones, dice que se juntaba con mucha raza poco confiable: sindicalistas, gays, lesbianas, sidosos, banda… y por el otro lado había denuncias en su contra de gente decente, diputados, obispos, gente con billete…
– No me extraña, porque de los únicos que habló mal en público fue siempre de los que están nada más pensando en el dinero y acumulan a lo bestia; y de los curas que nada más están pensando en los ritos, en el pecado y en las excomuniones pero que no viven la fraternidad y que terminan alejando a le gente de Dios. Había algunos obispos que ya estaban hasta la coronilla, y creo que ya habían hablado con el gober Pilatos para que le pusieran un hasta aquí. ¿Sabe qué les caía más gordo a ellos? Que ni cura era, ¡un laico cualquiera! Hasta le decían: “¿y tú con qué autoridad dices esto, de qué seminario saliste?” “Pues que soy hijo de Dios, como la ven?”, les contestaba. ¡No pos se enfurecían! Y luego decían: “¿no que muy santo? Ni siquiera vas a misa diario, ¿hace cuanto que no te confiesas?”. Y él les decía: miren les voy a contar una historia: “Un día un migrante que venía de Centroamérica, de paso, lo agarró una banda y lo dejó medio muerto a la orilla de la carretera 57.  Pasaron un chorro de coches y nadie lo levantaba. Entre ellos lo vio un cura, que dijo: “ojalá que otro le ayude, porque si no, no llego a dar la misa de las 7”. Pasó también un diputado, que dijo, “ojalá que otro le ayude, porque voy al Congreso para votar una ley muy buena que ahora sí va a resolver todos los problemas de México. Al final pasó una bandita de cholos, medio desadaptados,  que lo vieron y se compadecieron de él. Lo montaron como pudieron en su bicicleta y se lo llevaron a Doña Chole a que lo curara; se cooperaron para las medicinas con lo que se iban a gastar en chelas y al día siguiente pasaron a ver cómo estaba; lo treparon de nuevo a un tren, con una torta y un refresco y se fueron como si nada. ¿Quién se portó de veras como prójimo, como Dios manda?” – les decía – y se quedaban callados. Más de una vez lo quisieron apedrear.
– Usted ya se parece al occiso, muchos rollos, especulaciones… y nada concreto. ¿No me va a dar más pistas para saber quién lo mató?
– Mire, no son rollos. Pero ¿qué más quiere que le diga? Lo agarró un grupo de élite de esos que se crearon para defendernos; lo levantaron, lo acusaron de narco; luego salió la noticia de que se había proclamado el rey de las anfetaminas, y que había muerto en una balacera contra las fuerzas de la Ley. Nadie se cree nada de eso pero por más que hemos ido de una oficina a otra para pedir que se investigue bien, todo mundo se lava las manos… Yo no voy a decirles más de lo que ustedes ya saben y no creo que se aclare nunca nada. Ojalá de perdis me puedan dejar sacar ya el cuerpo para darle cristiana sepultura, con eso me conformo.
– Pos por eso lo agarramos a usté, en la morgue no hay ningún cuerpo…
– ¡No me diga!, las mujeres tenían razón…
– ¿Qué dice? Mire, a mi no me vengan con enredos. Ya de por sí andan bajos nuestros indicadores de eficacia en casos resueltos, para que ustedes anden jugando…
– No pus mejor déjenlo así…¡se me hace que sigue bien vivo! ¿La ruta 47 es la que va a Galilea?
– Esa mera, pero no se va sin firmar la declaración, al menos de este muertito ya se libraron las fuerzas de élite, si viera cómo andamos…


Publicado en Milenio Diario, León, 20 de abril del 2011. (http://impreso.milenio.com/node/8946830)
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