David Herrerías Guerra


De Pastores, Lobos y Ovejas.
24/Noviembre/2010
Creo que estábamos comiendo o terminando de comer, cuando alguien tocó a la puerta. Clara y yo vivíamos un sabático en una pequeña comunidad de la zona baja mixe. Al abrir la puerta de la pequeña casa que rentábamos, apareció un hombre de edad avanzada, pero alegre y dicharachero. Vestía una sencilla camiseta de algodón y pantalón de dril. Bromeó con nosotros y al final se presentó: Arturo Lona, el obispo emérito de Tehuantepec, que había estado con uno de nuestros hijos recorriendo comunidades y cuando supo que éramos admiradores de su trabajo decidió desviarse para jugarnos una broma. Fue obispo durante muchos años, polémico y radical. Dejó en las comunidades una estructura de diáconos que le llamaban por su nombre de pila y que entendían que el anuncio del evangelio no puede ir desvinculado de la lucha por una sociedad más fraterna y justa. Cuando recién cumplía 75 años, como corresponde por derecho canónico, presentó su renuncia y el Vaticano se apresuró a aceptarla. Desde entonces se ha dedicado en cuerpo y alma a servir a las comunidades de la región. Viaja de un lado a otro visitando a las gentes más necesitadas y cuando se codea con los poderosos es para conseguir recursos o mover asuntos que favorezcan a los más pobres. Todo sencillez, todo buen humor, todo entrega, merece ser llamado pastor.

Formado en León, con los dominicos, Raúl Vera López fue consagrado Obispo de la diócesis de Altamirano en 1988, pero en el 95 fue enviado como Obispo Coadjutor a la Diócesis de San Cristobal de las Casas. Cuando llegó a Chiapas, se le tenía por un Obispo más o menos conservador, se trataba –se decía - de meterle una cuña a Don Samuel. Pero como contaba el Tatic sobre sí mismo, la realidad fue evangelizando a Don Raúl y no se quedó atrás en su compromiso con los indígenas, teniendo una labor destacada en el proceso de paz abierto tras el levantamiento zapatista. En 1999 cuando renuncia Don Samuel a la diócesis, el Padre Vera es nombrado Obispo de Saltillo. Pronto se dio a notar por el apoyo a las demandas de los mineros, la creación del proyecto Frontera con Justicia a favor de los migrantes centroamericanos, la lucha contra la discriminación que padecen los homosexuales y la creación del Centro Diocesano para los Derechos Humanos. El mes pasado, Don Raúl recibió en Noruega el premio de derechos humanos de la Fundación noruega Rafto, en una ceremonia, dicen algunos medios, “marcada por elogios y admiración a un hombre de integridad moral que defiende a los migrantes que atraviesan nuestro país en su peregrinaje por llegar a Estados Unidos”. Un pastor que va delante de sus ovejas.

30 años vivió entre los tarahumara el Padre Llaguno, uno de los pocos obispos jesuitas; tres décadas dedicadas en cuerpo y alma a paliar las necesidades de las comunidades indígenas más marginadas del país. Director de un sistema de escuelas radiofónicas, supo escuchar a los rarámuri desde su propia cultura, con un profundo respeto que evitaba al máximo la imposición de prácticas culturales ajenas. En 1975 es ordenado obispo de la prelatura y en 1988 funda la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, A.C. (COSYDDHAC), de la que fue presidente. Creó un método para aprender Tarahumara e impulsó la publicación de los Fundamentos Teológicos de la Pastoral Indígena Mexicana.

Sus restos descansan en la Catedral de Sisoguichi, en la Sierra Tarahumara, en donde fue dignamente llamado pastor.

Son tres ejemplos de obispos católicos que han sido fieles al anuncio del evangelio. Sus posturas han provocado ataques, incluso atentados contra sus vidas, - el obispo Lona ha sufrido 11 - pero nunca se podrá decir que traicionaron su responsabilidad de anunciar el Reino.

La contraparte son obispos que lanzan a las llamas del infierno con mucha facilidad a todos los diferentes, pero que viajan en limosinas o que se ven envueltos en litigios legales por cantidades de dinero estratosféricas; que defienden, o por decir lo menos, son demasiado blandos con sus propios sacerdotes que abusan de menores. Obispos que no merecen ser llamados pastores, y que gozan de impunidad, porque los fieles no podemos hacer nada para nombrarlos, evaluarlos o removerlos, y las autoridades, hasta ahora, no sabemos si se atreven a sancionarlos. Paradójicamente, a los obispos pastores, como los tres primeros, se les acepta la renuncia al cumplir los 75 años, casi antes de que ellos siquiera la presenten. A otros como al Arzobispo de Guadalajara, no se le ha aceptado la suya a pesar de que la presentó desde el 2008.

Preocupada como está la Iglesia por su pérdida de liderazgo moral en la sociedad, debería saber que más atractivas resultarían sus posiciones en temas controversiales si fueran acompañadas de una práctica ética más cercana a la vida y ejemplo de Jesús. Más autoridad tendría la Iglesia en temas controvertidos si sus obispos fueran como los pastores Arturo, Raúl, José y otros que están más preocupados por servir que por condenar. Más autoridad tendría la Iglesia si no fueran lobos los que juzgan a las ovejas.

Publicado en Milenio Diario León, 24 de noviembre del 2010
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