David Herrerías Guerra


¿Agua para siempre o inundados para siempre?
29/Septiembre/2010
Iniciativa México me produce un sentimiento ambivalente. Es de aplaudir a cualquiera que tenga iniciativas para mejorar nuestro país y además que empresas y medios que son competidores tengan la capacidad para ponerse de acuerdo en un proyecto común. Pero salta a la vista la poca solvencia moral de algunos de sus promotores, como los dueños de las televisoras, que siguen siendo uno de los grandes obstáculos para nuestra democracia y nuestra educación. También molesta el fariseísmo, que publicita con bombo y platillo generosos donativos, que bien visto el asunto, son como quitarle un pelo a un gato.

No me emociona el formato, muy al estilo de los concursos de canto y baile, pero aunque no me guste a mi, esto puede ser una de sus grandes virtudes: permite que algunos proyectos tengan una difusión con la que nunca habían soñado. Esto les permitirá seguramente tener otros apoyos en el futuro y permitirá que sus ideas se difundan un poco y que aprendamos de ellos.

Uno de estos proyectos es “Agua para Siempre”, que conozco bien. La organización Alternativas y Procesos de Participación Social inició su trabajo al sur de Puebla, en Tehuacán, ya entrados en la zona mixteca, en colindancia con Oaxaca. Después de unos años de trabajo con las comunidades y en diálogo con ellos, Alternativas decidió centrar sus esfuerzos sobre dos líneas: abatir el rezago alimentario y garantizar el abasto de agua a las comunidades. El primer objetivo los llevó a resucitar el cultivo del amaranto, que los antiguos pobladores del valle ya utilizaban pero que había sido abandonado por las presión de los conquistadores españoles.

La segunda línea los llevó a crear el programa “Agua para siempre”, que consiste en un trabajo integral de cuidado y regeneración de las cuentas hidrológicas, utilizando una diversidad de técnicas y recursos que permiten recuperar barrancas, retener el agua, infiltrar y recuperar los mantos acuíferos. Yo fui testigo de la reaparición de antiguos manantiales que volvían a crear estanques o pequeñas lagunas en zonas desecadas hacía mucho tiempo. Un campesino como de unos 50 o 60 años, me relataba cómo, al volver el agua, surgían en los bordes del estanque plantas que él recordaba haber visto cuando era niño y junto a las plantas volvían algunas aves y animales que creía desaparecidos.

Una pregunta que le hicieron los jurados a Raúl Hernández, fundador y director de Alternativas, fue la siguiente: ¿No cree que además de todo ese trabajo que ustedes hacen, se debería impulsar el trasvase de agua de unas regiones a otras? Raúl, que tiene una experiencia de casi 30 años en el tema contestó: Los trasvases traen consecuencias ecológicas desfavorables para el lugar donante del agua y no garantizan nunca el agua para siempre. Efectivamente, las presas que se hacen para retener el agua de lluvia que luego es llevada a otras cuencas hidrológicas, no sólo daña la zona en la que ésta se establece (termina con zonas arboladas, incrementa la contaminación por los materiales orgánicos que entran en proceso de putrefacción) sino la extensísima zona de transcurso del río que se elimina, afectando a todas las especies que hacen su vida alrededor de ese ecosistema. En muchas ocasiones se daña también a la especie humana, que ha hecho su vida al margen de estos ríos, o que vive en zonas que serán inundadas obligándolos a mudarse. En la región en la que se construyó en los años 50 la presa Miguel Alemán, perviven muchísimos problemas de tierras y de ubicación de comunidades que fueron afectadas por ese embalse.

Tenemos que aprender eso en León: la única forma de garantizar agua para siempre es la regeneración de las cuencas, la infiltración de los mantos, la recuperación de agua de lluvia. Traer agua de Jalisco para acá, soluciona aparentemente un problema pero solamente lo transfiere en el tiempo y en el espacio: lo alarga unos 20 años y lo transfiere a los pobladores de Temacapulín que quedarán inundados, eso sí, para siempre. Alguien ha dicho que oponerse a la construcción del Zapotillo es una irresponsabilidad. La verdadera irresponsabilidad es no asumir las consecuencias del deterioro y la sobreexplotación que hemos hecho de nuestros mantos acuíferos inundando a otros.

No sueño con que nuestras autoridades hayan visto el programa de Iniciativa México y que eso cambie su punto de vista respecto al problema del agua. Creo más en la posibilidad de que los habitantes de Temacapulín puedan echar para abajo el proyecto de la presa del Zapotillo, con la solidaridad de muchos de nosotros. Entonces sí, a la mejor, podremos vernos a nosotros mismos y hacernos cargo de nuestro propio desastre hidrológico con programas más responsables. En ese momento, si quieren saber cómo le hacen en Tehuacán, yo les consigo su teléfono.


Publicado en Milenio Diario, León, el 29 de septiembre del 2010.
http://impreso.milenio.com/node/8839728

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