David Herrerías Guerra


Patria libre
15/Septiembre/2010

“Como habré de llamarte Patria libre,
si los ricos gobiernan tu destino”
Gabino Palomares

 
Creo que la primera vez que oí nombrar a la Patria, fue en un inmenso patio escolar rodeado de niños como yo, que soportábamos bajo el incipiente sol de la mañana los honores a la Bandera, serie de actos que resultaban aburridos. Pero recuerdo ver con admiración al pequeño grupo de alumnos enguantados de los últimos años de primaria que pasaban a paso firme llevando la Bandera. Siempre me gustaron las banderas.

¿O será que supe de la Patria en las primeras clases de historia, con las narraciones de los míticos niños héroes? ¿O fue por su alegoría impresa hasta el cansancio en todos los libros de texto oficiales, creada por un artista que hasta después admiraría profundamente? Quizás por su reiterada aparición en cientos de mañanas aburridas, odié esa representación y tanto la profané con bigotes, lentes y dientes postizos, que me costó trabajo creer años después que el mismo artista, González Camarena, fuera el autor de esos murales épicos que me seducían.

No creo que mis clases de historia alcanzaran a sembrar en mí el amor por la Patria, aunque en algunos casos acrecentaron mi admiración por algunos de sus héroes y un odio infantil hacia algunos de sus villanos. Mucho menos me ayudaron, de eso estoy seguro, los rituales anuales de presidentes muy desprestigiados tocando la Campana de Dolores. Gracias a Dios, mi amor por la patria tampoco descansa, ni descansó nunca, en la Selección de futbol: blandengues pilares tendría mi patriotismo.

Creo más bien que mi educación patria empezó en los brazos de mi madre, en su amor incondicional y en la imagen de mi padre, trabajador incansable. Entre mis ocho hermanos aprendí, poco a poco, a ser pueblo: a jugar, a discutir, a compartir. Fueron los primeros rostros concretos de mis compatriotas. Después en la escuela, no en “los honores”, sino en el patio de recreo, hice mis primeros amigos y aprendí que la patria se ampliaba más allá de los confines familiares. Y como en ondas expansivas fui conociendo a mi Patria: no en los mapas y libros, sino en sus caminos y en sus gentes concretas que estaban más allá de mi cerrado círculo inicial: en los niños de la calle, en los campesinos, en la gente de las colonias populares. Se fue creciendo en mi una imagen de la Patria que es concreta, viva y compleja; alegre y dolorosa a la vez. Aprendí que la Patria no son sus símbolos: que éstos tienen sentido si, y sólo si, nos representan a todos los que la hacemos, la vivimos y la construimos.

Doscientos años son en realidad mil o no sé cuántas generaciones de personas concretas que han vivido en este suelo maravilloso. Patria que se autonombra libre, porque hace dos centurias inició una revolución que le daría su independencia política de un reino ultramarino.

Pero si entendemos Patria no sólo como el concepto abstracto, sino como la suma de los que formamos parte de ella… ¿quiénes de la Patria somos libres? ¿o hasta dónde? ¿Cómo habremos de llamarla Patria libre, nos preguntamos con Gabino, si cuatro personas acumulan el 10% del producto interno bruto mientras 50 millones viven en la pobreza? ¿Cómo habremos de llamarla Patria libre, si prácticamente el 100% del espectro televisivo está en manos de sólo dos empresas que utilizan el poder que les da esa concesión, incluso mediante la difamación, para inclinar la balanza a su favor cada vez que alguien insinúa la posibilidad de abrir la competencia?.

¿Cómo habremos de llamarla Patria libre si sólo aspiramos, cuando mucho, a tachar una boleta cada tres o seis años y aunque los elegidos nos resulten ladrones, ineptos o asesinos, no podemos acudir a la revocación de mandato? ¿Cómo habremos de llamarla Patria libre si la educación de nuestros hijos está en manos de un sindicato liderado ad perpetuam por una mujer que no sabe escribir discursos ni leer siquiera los que le dan ya hechos? ¿Cómo si cada vez menos trabajadores gozan de una verdadera libertad y democracia sindical, puesto que las organizaciones obreras son antes que nada botín electoral? 

¿Cómo habremos de llamarla Patria libre si la desigualdad económica exilia a casi un 10% de los mexicanos a los Estados Unidos y nuestra economía depende, paradójicamente y en gran medida de lo que ellos nos envían? ¿Cómo habremos de llamarla Patria libre si la señora justicia sigue haciendo distingo de clases: se ensaña con los marginados y es harto indulgente con políticos y poderosos? ¿Quién, quiénes tienen en realidad su propio destino en las manos?
Festejemos, que en estos tiempos aciagos vale la pena encontrar motivos para el regocijo. Pero aprovechemos esta curiosa costumbre nuestra de conmemorar los inicios y no las consumaciones para enfatizar que nuestra independencia es aún incompleta, para redoblar esfuerzos y construir una libertad verdadera: la de una Patria en la que quepamos todos.



publicado en Milenio Diario, 15 de septiembre del 2010
http://impreso.milenio.com/node/8832815
DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png