David Herrerías Guerra


Su majestad, el automóvil.
05/Agosto/2009
No sé si a usted le pase. Pero a mí a veces me da la sensación de habitar en otro país, diferente al que habitan los políticos. A veces son tan diferentes sus versiones sobre lo que sucede que ya no puedo creer que sea simple diferencia de perspectiva. Ellos viven en otro mundo. Hay muchos ejemplos, como la guerra que le ganamos al narco — en su país — cuando en el nuestro los carteles florecen rozagantes, como sus camisas tropicales.

En el país de nuestras autoridades municipales el sistema de transporte en León está a un tris de ser tan eficiente como el de Ámsterdam o Bruselas. Pero siempre hay gente que se enterca en ver sólo este país, el de los terrenales: “El camión que tomaba de mi colonia a mi trabajo hacía 20 minutos y ahora ya no hay ninguno que llegue directo; tengo que tomar un auxiliar que me lleva a la base, y de ahí otro que me acerque a mi trabajo. Tiempo de recorrido, una hora con veinte minutos”. Y otra más: “Con la segunda etapa del SIT, mi tiempo de recorrido al trabajo es de una hora con 40 minutos, caminando más; antes hacía 45 minutos”.

Cualquiera de los habitantes del país del gobierno seguro va a contestar: “es que se tienen que acostumbrar”, “la gente es reactiva al cambio”. Y la mejor de todas: “nosotros también una vez a la semana usamos las rutas de transporte”. Claro que lo hacen en su propio país: a veces toman el camión pero lo hacen como parte de su trabajo y si llegan tarde nadie les descuenta la hora.

Una usuaria, habitante de este, mi país, aventura una explicación sobre las desventuras del SIT: “Es que el requisito de este sistema es que si quieres moverte en la ciudad, forzosamente tienes que llegar a una estación base”. Efectivamente: recorridos que se hacían en una sola ruta han sido cercenados (desde la primera fase del SIT), las auxiliares y alimentadoras no pasan con la misma frecuencia y además de hacerse más larga la ruta hay que sumar el tiempo de espera en la estación de transferencia. El transporte en León es de los más caros de mi país. Hay que decir que también han mejorado cosas: Las orugas están bonitas, los conductores están mejor vestidos, hay menos accidentes (o al menos las estadísticas oficiales lo afirman). Apenas van dos etapas, nos dicen, a la mejor cuando esté completo el sistema funcione mejor. ¿para cuando? Desde los ochenta se iniciaron los estudios, en el 2003 se hizo la primera etapa y hasta ahora, después de 7 años, la segunda. ¿Por qué tanta lentitud? Porque no era prioritario. En el país de nuestros gobernantes las ciudades modelo son los Ángeles, Houston, Miami. Su sueño es un sistema de transporte sólo suplementario, la idea es que todos tengan coche.

Hace poco me llegó un correo invitándome a una marcha para evitar que subieran el costo del transporte (organizada por un habitante de mi país) y me sorprendió la respuesta que alguien envió al convocante: “mejor pónganse a trabajar para que se puedan comprar un coche”. Ese es el sueño, compartido también por el Gobierno Federal. Hace poco el Presidente anunció la eliminación de la tenencia. Es demagogia pura, porque los ingresos que los estados sacaban de ese bolsillo los sacarán de otro. Ambos bolsillos son nuestros, desde luego. En 2011, cuando se elimine por completo este impuesto, dejarán de recibir los estados unos 20 mil millones de pesos. Pero lo más grave es que el Presidente pretende también crear un fondo para ayudar a más familias estrenar un coche. Se trata de que todos tengan coche, no de impulsar el transporte público.

En el país que yo habito, el sistema de transporte, mueve a más del doble de usuarios que los automóviles — 650 mil viajes contra 300 mil de los automóviles — con mucho más eficiencia: 1,700 unidades de transporte público contra 300 mil de automóviles, a pesar de lo ineficaz que resulta moverse en el transporte público. La lógica indicaría que debiéramos invertir más para tener un mejor sistema de movilidad, rápido, eficiente, cómodo, que nos invitara a dejar el automóvil. Pero en el país de nuestros gobernantes su majestad el automóvil tiene preferencia. El SIT ha costado en sus dos etapas, según el Municipio, unos 1,100 millones de pesos. El proyecto completo de la Vía Bicentenario se calcula en mil trescientos millones. Más que en las dos etapas del SIT. Y no estamos comparando todas las obras que se hicieron para favorecer la circulación de autos desde el 2003 para acá.

Aunque en el discurso se habla de favorecer el transporte público y el uso de la bicicleta, no existe una decisión de fondo para cambiar el paradigma dominante: no basta con poner orugas si no se modifica la concepción general y las prioridades. Es una tarea difícil porque hemos comprado la idea de que el automóvil es más que un medio de transporte, un signo de estatus. Y cuando la diferencia entre viajar en tu auto y el transporte público supone dedicar al menos dos horas más de tu día sólo para moverte, la decisión es usar el coche. Si te alcanza.

En el país de los gobernantes a todos les alcanza. Por eso no hay prisa.


Publicado en Milenio Diario, León, 25 de agosto del 2010
(http://impreso.milenio.com/node/8821513)
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