David Herrerías Guerra


Ahí te dejo el changarro
03/Enero/2010

- ¿Qué edad tienes anciano?

- No me lo vas a creer, pero sólo doce meses

- ¡Doce meses! ¿y dónde está el camión que te pasó por encima?

- Pues si… lo que pasa es que empecé mal desde el principio… Los doctores me dijeron que tenía nada más un catarrito y yo, confiado, me aventuré en mi primer enero de vida. Pero yo creo que el doctor Carstens, quien me diagnosticó, sacó su título pirata, porque el catarrito resultó una neumonía o algo peor. Para acabarla de amolar me cayó muy pronto otra plaga, la influenza. Esa sí era viral. Y aunque no es que fuera más grande que otras plagas que nos han asolado, sí me pegó otra vez en la economía, y mi catarro que se había convertido en neumonía se complicó todavía más.

- ¿Pero a poco eso lo dejó así, tan gacho?

- Es que todavía no acabo. Ya desde antes heredé otros achaques. Me duele todo el cuerpo, un dolor enorme por los miles de muertos en la guerra contra el narco. Es como un cáncer, ya hizo metástasis en todos los municipios y al final me está matando, nadie sabe bien a bien si hay cura. Pero por lo pronto creo que la quimioterapia está resultando peor que la enfermedad.

- Se le nota, la verdad sí se le nota, pobre viejo…

- Con eso ya tenía suficiente para estar en silla de ruedas, pero todavía falta más… hay algunas cositas que me pegan más en el ánimo, como la elección del nuevo presidente de la CNDH, el delfín de Soberanes, que promete más de lo mismo… lo peor es la pérdida de la autonomía de esos organismos antes más ciudadanizados, como el IFE… alguien me dijo que es un enfermedad que se llama partiditis aguda. Es como la triquinosis, tienes ahí algo enquistado que no se puede quitar, o más bien como una hipertrofia de los partidos que termina dañando a la democracia.

- ¿Tienes también calentura? Se te nota como marchito.

- Bueno, es que también heredé de otros años los problemas medioambientales y esto del calentamiento global. Unos dicen que es natural, otros que es por la actividad humana. Como sea, es claro que la tierra es un sistema cerrado que no aguantará el actual modelo económico… pero dile a un fumador empedernido que deje de fumar. En cualquier caso, pensé que en la cumbre de Copenhague me iban a dar un remedio, aunque sea temporal, pero me dieron puros placebos y sigo en las mismas.

- No se me vaya a ofender, pero en la mirada se le ve que sus dolencias no son sólo físicas…

- Tienes razón, hay también un dolor, en el fondo del alma. Creo que lo que más me hace sufrir, es algo más que físico. Tiene que ver con la injusticia, porque más allá de todos los problemas que pudiera enfrentar, al final, dejo más distancia entre los más ricos y los más pobres. La crisis la ocasionaron los más ricos pero siguen tan campantes y los más pobres sufren las consecuencias y eso me habla de la pobreza moral de los hombres y mujeres, como de un egoísmo ancestral que me duele en el alma. Es una dolencia que sale menos en las noticias, porque los muertos de hambre o por enfermedades curables, son menos espectaculares. Es evidente que las medicinas no están funcionando, pero por más que algunos premios Nóbel sugirieron cambiar la receta, mis médicos insistieron en el mismo tratamiento.

- ¿Pero en eso se fue todo el año? ¿No hubo cosas buenas?

- Tienes razón. Al final de todo, dentro de este desastre muchos seres humanos fueron capaces de amarse, se hicieron nuevas parejas, nacieron nuevos hijos. En lo social, crecieron movimientos ciudadanos… va aumentando la conciencia; algunos políticos como que quieren aprender… la izquierda dice que ahora sí se va a dejar de pelear consigo misma… a la mejor. Mantenemos la esperanza… ¡si no me hubiera muerto en septiembre o en octubre! Y a todo esto ¿tú quién eres, niño?

- Soy el 2010.

- ¡Órale! ¡El reemplazo! Aquí están las llaves, ahí te dejo el changarro ¡No te creas todo lo que te dije, está padre la chamba! ¡Nos vemos!

Publicado en Milenio Diario, 3 de enero del 2010

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