David Herrerías Guerra


Si no cambian, me divorcio
14/Febrero/2010
El marido se la pasaba de maravilla. Nunca se ocupaba de la casa, dejaba tirada la ropa donde fuera, entretenía a sus hijos sólo lo indispensable y los botaba cuando se ponían llorones, trabajaba sus ocho horas estrictas y tenía derecho a monopolizar la tele después de las 9 de la noche y desde la tarde del sábado hasta la tarde del domingo. A veces cedía este derecho cuando se iba de juerga con los amigos y gastaba el dinero de las colegiaturas.

La esposa también trabajaba sus 8 horas fuera de la casa, más las que dedicaba a cocinar antes y después del otro trabajo y atendía a los niños el otro 90% del tiempo en que el padre los botaba. Podía voltear a ratos a la tele mientras planchaba y doblaba la ropa, aunque fueran los programas que ella no escogía, no salía casi de la casa y soportaba al marido cuando regresaba de sus juergas

Al final parecía que la cosa funcionaba, porque aunque era insuficiente el salario del machín y parte se perdía en las escapadas a las cantinas, entre los ingresos de ella y las labores de cosido y remiendo las situación se nivelaba. El hombre se sorprendió cuando recibió una nota pidiéndole que acudieran a una sesiones de pareja, puesto que su mujer amenazaba con el divorcio.

¿Cambiar? ¿Por qué cambiar? ¡Si estamos muy bien! Exclamó sorprendido. Pero aceptó reunirse con sus cuates, otros gañanes de su calaña, para discutir el asunto y prometió, en el corto plazo un paquete de reformas al contrato matrimonial para hacer los ajustes pertinentes. La mujer no estuvo incluida en la consulta. ¿cómo terminó el cuento? Lo podrán ustedes terminar.



Ojalá no sea usted una mujer como la anterior, que las hay muchas todavía. Pero al menos en lo que respecta a la reforma política déjeme decirle que ese es el papel que está usted desempeñando, a menos que sea miembro de un partido político, en cuyo caso representa el papel del hombre privilegiado. Porque tenemos desde hace mucho a unos machines que tienen el control, no el de la tele, sino el del gobierno, y toman decisiones que pueden perjudicar a unos y a otros, pero nunca a ellos. En las elecciones pasadas un gran contingente de ciudadanos les pidió el divorcio y lo expresó de diversas formas: votando en blanco, votando por Esperanza Marchita, por el perro Fidel.



Algunos de estos hombres sorprendidos dijeron: ¿Reforma Política? ¡pero si estamos muy bien!. Otros han decidido reunirse con ellos mismos para hacer una reforma electoral que ahora sí piense en los ciudadanos, aunque sin preguntarle a los ciudadanos. Ya están platicando, paciencia.

A los que estamos hartos de la forma de funcionar de los partidos nos interesa participar en una reforma que de verdad pueda contemplar a la ciudadanía. Los que pidieron el divorcio, los del voto nulo, no se han conformado con expresar su descontento, sino que formaron la Asociación Nacional Ciudadana (ANCA, www.anciudadana.org). Se han seguido reuniendo y exigen que se abra el debate de la reforma, porque los beneficiarios del sistema de partidos no pueden ser sólo sus miembros. Y adelantan ya los puntos en los que podemos sumarnos:

1) Reducir y controlar el dinero en la política. Se deber reducir el financiamiento público a los partidos y que se modifique la fórmula de cálculo de los recursos, para que queden vinculados al número de votos válidos emitidos y no como ahora que se calcula con el número de ciudadanos inscritos en el padrón. Además los partidos políticos –y todas las entidades y asociaciones – que reciben recursos públicos deben ser sujetos obligados de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información .

2) Promover medios y mecanismos para ampliar y ejercer derechos ciudadanos, reconocer el derecho de todos a participar en los asuntos públicos y que se incluyan como mecanismos la iniciativa ciudadana, el plebiscito, el referéndum, la revocación del mandato, el reconocimiento de la contraloría ciudadana y el valor jurídico del voto nulo.

3) Mejorar la representación política y abrir el sistema. Que puedan registrarse candidaturas ciudadanas independientes a los partidos en los niveles de diputados y presidentes municipales mientras vamos acostumbrándonos a la novedad, cuidando estrictamente las formas de financiamiento a sus campañas y que los candidatos tengan acceso a los medios de comunicación.

A la mejor el personaje del cuento podría responder, como lo hacen muchos: ¿de qué te quejas si antes te pegaba y ahora ya no te pego tanto? Podemos seguir sentados esperando esta lentísima transición democrática que nos venden como irremediablemente lenta como si no pudiéramos transitar a un verdadera democracia ya, ahora. O podemos sumarnos a los ciudadanos que están dispuestos a decir: o cambian o nos divorciamos.

Publicado en Milenio Diario, León, 14 de febrero del 2010

DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png