David Herrerías Guerra


Poquitas reformas, ¿posibles?
28/Febrero/2010
Llevamos años de una transición hacia la democracia que no se acaba de dar. Ciertamente en el transcurso de los últimos 25 o 30 años hemos vivido una serie de reformas electorales que han hecho que los partidos tengan disputas por el poder cada vez más equitativas, al grado que en el dos mil se sentó otro partido en la silla presidencial y los equilibrios de poder en las cámaras se han movido de un lado al otro.

Pero la democracia no es eso, o al menos no es sólo eso, sino la posibilidad real de que el pueblo tenga el poder y no unas elites. Desde luego que es mejor que esas elites sean más amplias. Pero a fin de cuentas, el poder de la ciudadanía para mandar, está muy acotado. Las reformas electorales de los últimos años no han cambiado de raíz la forma de hacer política ni la legislación anquilosada y pensada más para permanecer que para servir, que dominó la política de los últimos 90 años.

Están ya en las cámaras las tres propuestas de una reforma que algunos han mal llamado política, porque en realidad es una reforma electoral. Sin embargo no son asuntos banales, puesto que las reglas de la competencia nos pueden acercar o alejar más de nuestro lento y desesperante caminar hacia la democracia.

De lo presentado por el Presidente hay coincidencias y discrepancias con los dos bloques opositores. Coinciden PRI y PAN, detalles más o menos, en la reducción de los diputados plurinominales y la reducción de senadores; en la reelección de los diputados; en la iniciativa preferente para el Presidente y en el referéndum. Como juntos son mayoría, es probable que todas estas iniciativas pasen. Pero si se quisiera negociar por consenso una reforma, lo cual sería sano, contarían probablemente con la aprobación del PRD en la reducción del Senado, la iniciativa preferente y el referéndum. El PRD y el PAN coinciden por su parte en las candidaturas independientes y en la iniciativa ciudadana.

De todas las propuestas de reforma, hay algunas que pudieran ser más importantes en cuanto a la posibilidad de modificar las formas de hacer política y que habría que empujar más desde la ciudadanía en nuestro propio interés. Estas son a mi juicio, las candidaturas independientes, el referéndum y la iniciativa ciudadana y la forma de elección de los plurinominales

Las candidaturas independientes ya están en la Constitución y el PRI se abre a la posibilidad de revisar la ley secundaria. Dentro de todo el paquete, ésta sería una de las reformas más importantes porque empezaría a minar el monopolio de los partidos y podría incentivar cambios importantes en las formas en que, aún al interior de los mismos, se eligen los candidatos. No es un cambio sencillo porque habrá que pensar en candados para que los grandes poderes fácticos o el narcotráfico no aprovechen la oportunidad para hacerse también del poder político. Aunque la realidad es que los partidos tampoco han sido garantía de la honestidad de sus candidatos.

La iniciativa ciudadana como el referéndum, son también importantes, pero tiene problemas para ser realmente efectiva. El PRI no las propone, el PAN y PRD coinciden en ella, y éste último pide, acertadamente, que si entra la iniciativa, sea tratada como iniciativa preferente. Pero ambos partidos proponen que el 1% del padrón nacional en firmas sea necesario para que pueda entrar. Eso supone presentarla con 700 mil firmas. Si a eso se añade que vayan acompañadas con fotocopias de la credencial de elector, se vuelve una tarea titánica. Cabe recordar, como referencia, que un diputado que fuera electo con el 100% de los votos emitidos, alcanzaría más o menos 105,000 votos, y eso suponiendo que todos los votantes hubieran depositado su voto por ese diputado. La realidad es que los diputados no llegan a esa cifra, pero los ciudadanos, para presentar la iniciativa, deberíamos reunir 7 veces más firmas y fotocopias. Para que la iniciativa ciudadana prospere, debiera normarse, o bien un porcentaje diferente, o bien, que una vez obtenido un cierto porcentaje del total requerido, se pudiera obligar al IFE a colaborar técnicamente para la obtención de las adhesiones.

Finalmente el asunto de los diputados plurinominales se ha tratado muchas veces como un simple problema de ahorro, cuando la raíz del problema está en la forma en que son elegidos. La conformación actual de las listas hace de estas diputaciones botines políticos y herramientas de control al interior de los partidos que distorsiona el papel de estos diputados. No debieran desaparecer en su totalidad porque garantizan la expresión de nuestra pluralidad, pero se deben buscar otras fórmulas para nombrarlos.

Ojalá que las negociaciones y acuerdos nos permitan alentar esperanzas sobre los cambios necesarios en nuestra democracia.


Publicado en Milenio Diario, León, 28 de febrero del 2010
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