David Herrerías Guerra


Equidad doméstica
16/Marzo/2010
En el caso de la desigualdad entre hombres y mujeres, es indudable que las leyes juegan un papel importante, sobre todo las que pueden prestar protección a niñas y mujeres frente a la violencia intrafamiliar. Pero finalmente la principal lucha es en el ámbito cultural, porque si ese cambio no se da, seguiremos viendo casos como las cuotas de género que se establecen los mismos legisladores para después violarlas. La pelea se va a ganar en los espacios escolares, laborales y en el hogar, golpe a golpe, verso a verso, como diría Serrat. Y entre estos tres espacios, el cambio que a mi parecer será el decisivo es el que se dará al interior de nuestras casas.

Según el INEGI, en el 2008, vivíamos en México 36.2 millones de hombres mayores de 14 años. Las mujeres que participaban en los quehaceres domésticos de su propio hogar representaban 96.1%; en tanto que los hombres lo hacían en 58.4%. Por otro lado 78% de los hombres trabajaban fuera de casa y percibían un ingreso por ello, mientras que el 42% de las mujeres participaban “en actividades económicas”. (así dice el INEGI, como si hacer de comer no tuviera un valor también económico).

Esto quiere decir que del 96.1% de mujeres que hacen trabajo doméstico, el 42 además trabaja y consigue recursos para el hogar. Mientras que los hombres que cubren esta doble jornada cuando mucho podría llegar al 58%, ya que de ese 58% de hombres que hacen labores del hogar, los deciles más participativos son los de los más jóvenes (generalmente los hijos)

El INEGI publicó también en 2002 que en el los hogares en los que ambos cónyuges participaban en el mercado laboral, los varones le dedicaban 51 horas con 42 minutos y las mujeres 37 horas con 18 minutos, en promedio a la semana. Y en esas mismas parejas, las mujeres le dedicaban al trabajo doméstico un promedio semanal de 54 horas y 24 minutos y los hombres 15 horas y 18 minutos. Si hacemos la suma de esas horas, nos daremos cuenta de que las mujeres trabajan, minutos más o menos, 91 horas y media a la semana y los hombres 67. Pero el domingo frente a la tele, es el hombre el que tiene derecho a sentarse y esperar las botanitas.

Que el hombre asuma un rol diferente al interior del hogar cuando la mujer ha asumido también la responsabilidad proveedora no es sólo un asunto del ámbito privado. La mujer que entra al mercado laboral sin la responsabilidad compartida en el hogar, entra en desventaja frente a sus compañeros de trabajo cuando tiene que estar jugando siempre en “dos canchas” mientras que los machines juegan en una sola. Esto le impide asumir compromisos que los compañeros asumen con mayor facilidad. Hay muchos casos en que aún así las mujeres resultan más exitosas en sus trabajos que sus respectivos maridos y estos se enojan porque ellas ganan más. Aún cuando se establezcan normativas para contratar en cuotas de género, persistirá la desigualdad si no se modifican las relaciones en la pareja.

Es al interior del hogar en donde se construyen y reproducen los roles culturales que se asignan a cada género. Me he topado con muchos padres de familia que en el discurso hablan de la igualdad e incluso dicen que procuran que sus hijos “ayuden” también a su señora, pero ellos nunca asumen por igual las tareas. El mensaje que reciben los hijos, es que las labores del hogar son responsabilidad de la madre, y que los hijos, en tanto que subordinados deben ayudarla. Pero una vez que sean esposos no tienen que participar.

También es al interior de los hogares en donde se construyen principalmente las relaciones libres de violencia. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) en 2006, de cada 100 mujeres de 15 años y más, 67 han padecido algún incidente de violencia. La violencia más frecuente es la ejercida por el actual o último esposo o compañero (43.2%). El 15.9% de las mujeres ha enfrentado eventos de violencia por parte de algún familiar diferente a su pareja. 43% de las mujeres de 15 años o más declararon haber vivido situaciones de violencia emocional, económica, física o sexual durante su actual o última relación de pareja. Se sabe también que más del 70% de niñas y niños abusados sexualmente, fueron víctimas de familiares cercanos, especialmente padres y tíos (en familias heterosexuales, ojo).

Paradójicamente se habla cada vez más de la participación de la mujer en los espacios directivos, en el mundo laboral, en la ciencia, etc., mientras se sigue promoviendo un modelo de familia basado en la imagen típica de la mujer y el hombre con sus roles preestablecidos. No se puede hablar de equidad de género si no se promueve desde el Estado, a través de la educación y de las leyes, los cambios que permitan vivir la equidad y el respeto a los derechos de la mujer desde el interior de la familia.

Publicado en Milenio Diario, León, 17 de marzo 2010
DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png