David Herrerías Guerra


Minorías y democracia directa.
24/Marzo/2010
Hace unos meses el PAN organizó una consulta para saber si la mayoría de los capitalinos estaban o no de acuerdo con los matrimonios entre homosexuales. Los resultados dicen que el 53% de ellos está en contra de estas uniones, mientras que el 47% lo aprueba. Con encuestas, otro método, varias empresas dedicadas a esta tarea obtuvieron resultados que contradicen este resultado. En su página web, Parametría cita los resultados siguientes: Beltrán y Asociados 47% a favor y 46% en contra; GEA ISA 46% a favor 43% en contra; la misma Parametría, 40% en contra 32% a favor, pero 27% indiferentes. Las sumas no dan el 100% por los que no saben o no quisieron contestar. En cualquier caso lo que se muestra es una posición dividida casi en partes iguales.

Aún suponiendo que la consulta del PAN fuera válida, la pregunta obligada es: ¿Puede una mayoría limitar en sus derechos a una minoría sólo por el hecho de ser más? Popularmente se ha asociado la democracia al sistema de elección por mayorías. Es claro que las votaciones y la necesidad de tomar decisiones con base en lo que el grupo mayor de la población opina es una práctica frecuente, pero no es lo esencial en la democracia. Lo esencial es la posibilidad de construir un lugar en el que quepan todos; en el que no haya unos que gocen de todos los derechos y otros sólo de algunos. Para lograr esto a veces es necesario discutir y decidir por mayoría. Pero la decisión no debe, bajo ninguna circunstancia, atropellar a los menos. Entender que las mayorías no se pueden convertir en dictaduras que limiten en sus derechos legítimos a las minorías, es un principio básico para poder construir un lugar en el que quepamos todos.

La oposición a los matrimonios homosexuales descansa en concepciones religiosas y antropológicas validas para un sector de la población, pero no se pueden imponer estos principios a todos. Por eso la palabra tolerancia es tan importante en la democracia. No es fácil vivirla porque cuesta trabajo entender que los lentes con los que yo siempre he visto la vida pudieran no ser el único color posible de la realidad.

Al reconocer las uniones homosexuales no se está obligando a nadie a incorporarlas en sus prácticas personales. No se le está pidiendo a la Iglesias que los promuevan entre su feligresía. Se trata simplemente de reconocer que las personas adultas que ya han optado por vivir con otra persona de su mismo sexo tengan la protección de la ley, como cualquier otro ciudadano. Una mayoría no debiera atropellar este derecho.

Pero este asunto nos lleva a una segunda cuestión que tiene que ver con los límites y peligros de los mecanismos de consulta directa a la ciudadanía. La consulta, el plebiscito o el referéndum, han sido reclamados por la ciudadanía desde hace mucho tiempo y puestos en la mesa de la reforma electoral que discuten actualmente los legisladores. Según datos de la Red de Conocimientos Electorales, el 81% de los países en el mundo tiene establecidos mecanismos para la democracia directa, mientras que sólo un 10.7 no los tiene. Parece que las democracias en el mundo ya se han pronunciado sobre sus bondades y tienen razón. La reforma en ciernes seguramente avanzará en este sentido. Pero estos mecanismos, como cualquier instrumento legal, pueden volverse en contra de sus propios fines.

Son un riesgo por la capacidad de manipulación que tienen los medios electrónicos, que podrían impulsar con más facilidad cambios legales que les favorezcan, con un pueblo todavía dependiente en gran medida de la información que decida ofrecer el duopolio televisivo. Tienen el riesgo también de exponer temas de alta complejidad técnica, moral o científica a un proceso de decisión en el que no se puedan valorar suficientemente todas sus aristas y terminen decidiéndose por el mejor juego de las campañas mediáticas. Y existe el riesgo de que se puedan convertir en un instrumento para justificar la violación de los derechos de las minorías.

Todos estos riesgos son también peligros de la democracia representativa. Se han construido mayorías para respaldar los intereses de los poderes fácticos; se han ensalzado y destruido candidaturas mediante la manipulación mediática y la compra del voto. No se trata de rehuir a estas posibilidades de democracia directa, sino de pensar en las formas que nos permitan saber qué temas son los que pueden y deben someterse a estos procesos de consulta directa y cuáles deben ser los procedimientos que nos ayuden a garantizar su uso a favor de la democracia.

La consulta del PAN sobre los matrimonios del mismo sexo en el DF no pasan de ser una herramienta ideológica para justificar una posición tomada de antemano, pero en el momento en que estas consultas pudieran convertirse en ley, habrá que tomarlas con más cuidado. david@propuestacivica.org.mx

Publicado en Milenio Diario, León, 24 de marzo del 2010
DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png