David Herrerías Guerra


Los pluricuestionados
12/Mayo/2010
“Salario mínimo al presidente, pa que vea lo que se siente”. Recuerdo esa consigna que se coreaba en las manifestaciones y marchas cuando yo todavía no acumulaba tanta juventud como la que acumulo ahora. Si sometiéramos esa demanda a una votación abierta y plural es muy probable que ganara. Pero si nos pusiéramos a pensarlo bien, nos daríamos cuenta de que puede tener un valor simbólico y catártico, pero que con visión práctica la desecharíamos fácilmente. No quiere decir que no haya que discutir sobre los sueldos estratosféricos de nuestros dirigentes y sobre todo sobre sus pensiones vitalicias, pero es claro que un presidente merece ganar más que un salario mínimo.

Algo similar me parece que nos pasa con el asunto de los plurinominales. Resulta muy fácil y muy vendible la consigna: “cero plurinominales” y más si ésta es adoptada sin reservas por algunos comunicadores con suficiente rating. Es tanta la distancia y la inconformidad que sentimos en relación a nuestros legisladores, que cualquier propuesta de reducción de salarios, y disminución en el número nos parecerá una justa venganza. También parecen obvias las razones sobre el exceso en el número de diputados que tan muy pocas leyes y acuerdos producen.

Como en el caso de los salarios presidenciales, para que una propuesta así debe tener una buena parte de verdad, y en el caso del Congreso, en realidad tenemos una cantidad muy grande de diputados, muchos de los cuales se dedican a levantar el dedo en el sentido que dictan sus partidos. El cuestionamiento lógico es: si de cualquier forma el partido les va a indicar por quien voten, ¿no es lo mismo que voten 10 a que voten 100 si se mantuvieran las proporciones de la elección? Si nos conformamos con los diputados levantadedos, esta lógica es implacable. Y a esto añadiría lo que a mi juicio es más importante: la forma en que se eligen los diputas plurinominales (listas que se deciden al interior de los partidos) hace de este tipo de curules los tesoros más preciados que pueden ser negociados y constituyen una herramienta formidable para el control y la repartición de privilegios al interior de los institutos políticos.

Pero el asunto no es simple. Los diputados plurinominales se establecieron en 1977 para permitir que la oposición tuviera una voz en el congreso en un sistema unipartidista que empezaba a dar signos de agotamiento. Esa rendija fue una de tantas que permitieron la alternancia. Ciertamente la situación actual no es igual a la que existía en los setentas, pero aún en la actualidad, la elección por distritos puede provocar distorsiones en la representatividad. Imaginemos un caso, no tan hipotético porque podría ser el de nuestro Estado: Tres o cuatro partidos se disputan los espacios en el congreso local. Uno de ellos gana todos los distritos con porcentajes que van del 30 al 45 por ciento de la votación total emitida. Esto quiere decir que del 55 al 70% de los electores querían otras opciones, aunque no se pusieron de acuerdo en una sola. El congreso sin plurinominales supondría que las decisiones las tomaran un 100% de diputados que en realidad representarían sólo al 40% de los electores. Ciertamente el congreso actual en Guanajuato es dominado por un solo partido, pero la presencia de la oposición en comisiones y en actividades de contraloría son fundamentales para el equilibrio de poderes. Quitar a los diputados plurinominales sin más, afectaría principalmente a las minorías, e impediría o dificultaría el surgimiento de nuevas fuerzas políticas, lo que acrecentaría el monopolio de los partidos mayoritarios.

Puede pensarse en la reducción en su número, pero lo fundamental tiene que ver con dos cosas: la forma en que se establecen las listas de plurinominales y el control que los ciudadanos tengamos sobre nuestros diputados. A nivel federal las listas se establecen de manera libre por los partidos, según sus propios mecanismos internos de elección y las resultantes de sus pugnas internas. En este sistema, los diputados plurinominales ni siquiera deben hacer campaña y no se identifican con ningún distrito,. Si estás en la cabeza de la lista seguro ganas. Si la lista se estableciera en lugar de esto, por los diputados que, sin haber ganado, obtuvieron más votos en sus distritos, al menos se dependería no de las componendas internas sino del voto popular.

Pero en cualquier caso, ni los plurinominales ni los de mayoría servirán a sus electores, si los ciudadanos no hacemos nada por darles seguimiento y les exigimos cuentas. En la siguiente entrega les platicaré del diputado de mi distrito, quien por cierto, lo sé por la página del congreso, votará por la eliminación de los pluris. ¿Sabe usted quién es su diputado y cómo ha votado? david@propuestacivica.org.mx


Publicado en Milenio Diario, León, 12 de mayo del 2005
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