David Herrerías Guerra


Poniendo Clavos
11/Agosto/2010
El pasado fin de semana puse aproximadamente unos diez clavos en una de las seis casas que la organización “Un techo para mi País” (UTPMP) construyó en las ladrilleras del Refugio, aquí en León. No son muchos clavos y estoy seguro que con o sin mi ayuda la casa hubiera sido terminada en tiempo y forma, como se dice por ahí. Los verdaderos actores del evento son un grupo de jóvenes que forman parte de esta iniciativa que nació en Chile y que se está extendiendo por nuestro País.

La idea de los y las jóvenes de Un Techo, es proveer de una vivienda mínima a personas en situación de pobreza extrema. No pretende ser una vivienda definitiva y su intervención no se limita a ella. Son viviendas muy sencillas, de madera, que se construyen por equipos de jóvenes junto con las familias beneficiadas. Pero son más bien un pretexto para iniciar un proyecto de intervención en la colonia que lleve después a proyectos educativos y productivos que permitan transformar su realidad acompañando a la gente.

En 1997, un grupo de jóvenes, apoyado por Felipe Berriós, sacerdote de la Compañía de Jesús, habían concluido unas misiones, en las que construyeron una capilla. La realidad de marginación los interpeló, y les nació la idea de crear estas viviendas de emergencia y ésta organización que ya se ha extendido, en poco más de 10 años, a varios países de Latinoamérica. No se resignaron a ver la pobreza y cruzarse de brazos.

Estas viviendas iniciales tienen un costo aproximado de 26 mil pesos, puesto que se ha optimizado el material y los procedimientos constructivos. Los mismos jóvenes buscan patrocinios para que el costo para los beneficiados sea mínimo. A mediano y largo plazo, las familias iniciarán otros proyectos que les permitirán transformar esa vivienda y tener algo definitivo. Lo que me parece más interesante del asunto es lo bien que funciona esta organización conformada básicamente por jóvenes que dan su tiempo de forma voluntaria.

Sin embargo, no pueden solos. Dependen del apoyo económico que puedan conseguir en las regiones en las que trabajan. Se han construido muchas casas en nuestro País, pero gran parte del financiamiento para las mismas no viene de nosotros, sino de empresas y particulares extranjeros, incluso del mismo Chile. En León se construyeron el fin de semana 6 casas, pero el financiamiento de las mismas tuvo que venir de fuera. Ninguna empresa o persona de la ciudad dio dinero para construirlas.

Recién se dio a conocer a nivel mundial que un grupo de 40 multimillonarios se adhirió al acuerdo para donar al menos el 50% de su fortuna a obras sociales o de caridad. Cualquiera de esos empresarios podría donar el 95% de su fortuna y no les faltarían recursos para seguir tomándose un martini en su yate privado en el mediterráneo y regresar al dinner en Nueva York todos los viernes. Pero al menos se han dado cuenta, como dijo uno de ellos, que son privilegiados y que su riqueza no se debe únicamente a su mérito personal. Sobre toda fortuna pesa un hipoteca social, lo dice con otras palabras la doctrina social de la Iglesia.

En México tendríamos también muchos multimillonarios que podrían hacer mucho más que quejarse por la inseguridad si se dedicaran en serio a trabajar por la educación y transformación de nuestro país. Hace unos días Marcelo Ebrard declaraba algo que ya sabemos: que el diez por ciento de la población mexicana posee el 45 por ciento de la riqueza del país, pero sólo contribuye con seis por ciento a los ingresos fiscales. O sea que ni siquiera mediante estrategias impositivas logramos que contribuyan de forma proporcional a lo que obtienen por sus negocios en México. En marzo del 2007, The Independent, en Londres publicaba que Slim tenía alrededor de 49 mil millones de dólares, pero su fortuna en un solo año había aumentado 19 mil millones ¡En plena crisis mundial y nacional! A México en su conjunto le estaba yendo muy mal pero a Slim le iba de maravilla. Su fortuna equivale al 6% del producto interno del país. Y Don Carlos Slim no está solo, hay al menos otras nueve familias dominantes y quizás un grupo de 100 más que acaparan la mayor parte del producto interno bruto. ¿Y en León? ¿No hay suficiente gente en León y en Guanajuato que pudiera renunciar a una buena parte de su riqueza sin cambiar sustancialmente su forma de vida? Estoy seguro que sí, pero en nuestra ciudad las instituciones de asistencia y las ONGs batallan mucho por exprimirles unos centavos a estos empresarios. Somos una buena muestra de lo que sucede a nivel nacional: una pobreza en aumento a la vista de unos pocos que aumentan sus recursos a pesar de las crisis.

Existen al menos jóvenes como los de Un Techo para mi País que están poniendo algunos clavos para cambiar esta situación y alimentan nuestra esperanza. Ellos están haciendo más por la seguridad, que los grandes señores convocando a los medios para regañar a los gobernadores y al Presidente.

(Publicado en Milenio Diario, León, 11 de agosto del 2010)
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