David Herrerías Guerra


México Armado
21/Julio/2010
Poco se sabe sobre la desaparición del Jefe Diego, aunque como siempre sucede, los “trascendidos” algo nos dicen. Algo de lo que ya se afirma es que los causantes son una escisión del EPR que opera en el Bajío. México celebra sus doscientos años con mega exposición y toda la cosa y seguimos teniendo grupos guerrilleros. Los Zapatistas primero, y después el EPR nos recordaron a los Mexicanos que todavía existía la guerrilla. Pero en realidad hay un hilo conductor desde el ocaso de la Revolución hasta nuestros días. Al menos, podemos decir que no ha habido década sin enfrentamiento armado.

Para algunos historiadores la Revolución termina con el mandato de Cárdenas (1934-40). Pero los veintes terminarían desgarrados con una rebelión cristera de tres años. Al final de los treintas, en Morelos, se fortalecía un campesino que había acompañado a Zapata siendo apenas un adolescente, Rubén Jaramillo. Profesor y pastor metodista, generó un importante movimiento por la defensa de los derechos de los trabajadores azucareros. Pero con la llegada de Ruiz cortines fue marginado e inició un movimiento de rebelión que duró casi hasta su muerte. El 23 de mayo de 1962, cuando Jaramillo había ya pactado la paz con el gobierno y se disponía al exilio con su familia, un comando del ejército los arrebató de su casa, los trasladó a las Ruinas de Xochicalco y los acribilló.

En 1961, el gobierno de Guerrero disuelve a balazos una manifestación de la Asociación Cívica Guerrerense, fundada por Jaramillo, matando a 13 personas. Al año siguiente en una refriega entre la policía y la ACG, muere un policía y es acusado un normalista guerrerense: Genaro Vázquez Rojas, quien sería atrapado por ese supuesto crimen en 1966. Antes de ese año, una madrugada, muy lejos de ahí, en el municipio de Madera en Chihuahua, un pequeño grupo de jóvenes normalistas y estudiantes ataca el cuartel militar asentado en la localidad. Desastrosas equivocaciones convierten el ataque en una derrota estrepitosa, pero la fecha será recordada: 23 de septiembre de 1965. Algunos familiares y admiradores formarán pronto el Movimiento 23 de Septiembre aunque también pronto fueron desarticulados, cuando pretendían unirse al movimiento que ya encabezaba en Guerrero Lucio Cabañas. En Chihuahua se organizaron otros guerrilleros, como el Grupo Guerrillero del Pueblo Arturo Gamiz (uno de los héroes del asalto al cuartel Madera). El gobierno despliega operativos especiales en Guerrero y Chihuahua para combatir a la Guerrilla. Esa década sangrienta termina con los sucesos de la plaza de las tres culturas, y con la incorporación de muchos de los jóvenes del movimiento estudiantil que ven cerradas las posibilidades de cambio pacífico, a las guerrillas que florecerán en la década siguiente.

Los setentas son el escenario de organizaciones como la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR) de Genaro Vázquez – quien había sido liberado en 1969 por un comando armado; el Partido de los Pobres (PDLP, el de Lucio), El Movimiento Armado Revolucionario (MAR), Frente Urbano Zapatista (FUZ) y quizás la organización urbana más grande y conocida, la Liga Comunista 23 de Septiembre. Eran muchos grupos, pero nunca lograron establecer un frente unido. De esta década vale la pena resaltar a las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) que aunque fueron golpeadas, pasaron a la clandestinidad y se convirtieron después en el semillero del actual EZLN.

A finales de los 70 se publica la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales, que abre la puerta de la Cámara a los partidos de izquierda. Esto sería una válvula de escape importante que permitiría contrarrestar un poco la existencia de los grupos guerrilleros al ofrecer otras vías de acceso al poder, pero sobre todo, al quitarles el soporte de los partidos y organizaciones de izquierda en las ciudades.

A principios de los 80 es desmantelada la Liga 23 de Septiembre, pero se articula el Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo – Partido de los Pobres, Mejor conocido como PROCUP. En 1994 integran a otras doce organizaciones y crean el Ejercito Revolucionario del Pueblo (EPR), que después se dividiría en múltiples organizaciones, que operarán durante los últimos 10 años. Una de estas escisiones es presumiblemente la captora de Fernández de Cevallos. A decir de Laura Castellanos, autora del libro México Armado, del que obtengo la mayor parte de la información de este artículo, es difícil saber cuántos de los secuestros y robos atribuidos al crimen organizado en los últimos años fueron realizados por algunos de estos grupos guerrilleros.

Es tarea de sociólogos e historiadores explicar porqué en cien o quizás doscientos años no hemos podido gozar de una paz completa. Pero me parece que al menos parte de las causas radican en que, como dice Adolfo Gily, lo que llamamos Revolución no fue una sola, sino dos, una popular, de Zapata y Villa, y otra liberal y triunfante, de Carranza y Obregón. Las demandas de la primera no han sido hasta la fecha, cabalmente cumplidas.

 (Publicado en Milenio Diario, León, 21 de julio del 2010)
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