David Herrerías Guerra


No se atrevieron
06/Diciembre/2009
Por un momento pensé que se atreverían. El jueves nos levantamos con la noticia de que el Consejo Coordinador Empresarial estaba molesto con el Alcalde porque en la nueva propuesta del reglamento del SAPAL se iban a quitar los nombramientos específicos para las cámaras empresariales en el Consejo del organismo.

Alguna vez me tocó platicar con Mayra Enríquez y ella expresó su acuerdo con que, en la mayoría de los consejos ciudadanos se entendía ciudadano casi siempre como "empresario". Eso me hizo creer en que de verdad se estaba pensando en democratizar (de demos, pueblo) el Consejo del organismo de agua. Pero parece que el viernes, muy rápido, el Alcalde reculó (suena feo, pero es sencillamente, retroceder).

No sabemos en qué vaya a terminar el reglamento, pero no soy optimista al respecto, al menos si nos atenemos a lo que se ha sabido de lo platicado en la reunión de las Comisiones Unidas de Gobernación y SAPAL del viernes pasado.

El reglamento del Consejo de SAPAL todavía vigente expresa que "los integrantes del Consejo Directivo serán designados por el Ayuntamiento, por mayoría de votos, de entre los miembros representativos de la sociedad y de los representantes propuestos por cada una de las asociaciones y organismos locales, siguientes" y vienen todas las cámaras: Transformación, Curtiduría, Calzado, Comercio, Construcción y Coparmex. Un espacio queda para la representación sindical del SAPAL y otra para colegios de profesionistas. Se completa con dos miembros del Ayuntamiento.

El cambio propuesto inicialmente pretendía quitar los membretes para abrirse a ciudadanos de a pie, aunque algunos opinan que sólo para abriles el paso a otros empresarios, los de la Concamin.

En el estudio que hizo Propuesta Cívica sobre los consejos ciudadanos a principios de este año, el 49 por ciento de los integrantes de los 17 consejos más importantes pertenecen a alguna de estas cámaras. Pero los empresarios no quieren soltar prenda. Los siete organismos que integran el Consejo Empresarial, dicen los diarios, pidieron al alcalde Ricardo Sheffield respetar la representación que tienen en los consejos ciudadanos. Muchas veces se nos ha explicado que quienes ocupan esos puestos lo hacen como un servicio, pero ahora se mostraron, digámoslo así, demasiado deseosos de servir. Al menos queda claro, que los puestos en los consejos son útiles a los grupos gremiales para poder jalar agua para su molino (y más tratándose de SAPAL).

La argumentación para mantener una postura de privilegio en los consejos es muy fina: "Somos los creadores de riqueza en la ciudad". Si se me permite una anotación al calce, diría que lo que produce riqueza es el trabajo, por lo que todos los que trabajamos en León somos los principales productores de la riqueza. Eso no quiere decir que el capital no sea la otra parte de la receta, pero por sí solo no produce riqueza.

Ahora que si lo que se quiere decir es que son los principales acumuladores de la riqueza, nadie lo discute.

Como sea, lo que se expresa con claridad es que las cúpulas empresariales consideran que como tienen el poder económico tienen mayores derechos a participar del poder político, y si lo vemos en sentido inverso significa que si eres un ciudadano sin mucho poder económico más vale que te resignes a no tener tampoco el poder político.

Dicen los empresarios, y dicen bien, que el Ayuntamiento no puede gobernar sin la participación de la sociedad.

Lo que también dicen, y dicen mal, es que: ciudadano se es sí -y sólo sí- se es empresario afiliado a una cámara empresarial.

Si democratizar los consejos significa que sigan dominados por las cúpulas empresariales -que ni siquiera están seguras de representar verdaderamente al empresariado en su totalidad- mejor nos vamos sin consejos. Esto por una sencilla razón: el Ayuntamiento, cuando menos, pasó por un proceso electoral.

Pero crear órganos de decisión con peso real, que están formados principalmente por empresarios a los que no elegimos ni podemos remover, eso no es democracia.

Las cúpulas empresariales ven la ciudad como el espacio para hacer negocios.

Es legítimo que lo piensen, pero no puede ser la única visión de la ciudad. Si el consejo de un instituto de vivienda, por ejemplo, está constituido mayoritariamente por constructores, su visión será la de facilitar el terreno para que las constructoras de vivienda puedan seguir haciendo negocio. Las decisiones serían otras si quien vive en casitas de 49 metros cuadrados pudieran ser representado ahí.

No es que no deban estar representados los empresarios ni que su aporte sea necesario y valioso, pero la sociedad leonesa es mucho más que ellos.

Las intenciones de democratizar a los consejos, en lo que llevamos de la administración parece que no han pasado de buenas intenciones. En parte porque los mismos reglamentos obligan a tiempos y procesos cerrados. Se requiere un revisión profunda de los reglamentos que se abra a la participación ciudadana, para democratizarlos. Por lo pronto, en el caso del SAPAL ojalá no se rajen. Pero creo que es demasiado tarde…

Publicado en Milenio Diario, León, 6 de diciembre del 2009
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