David Herrerías Guerra


Un hueso en lontananza
En la tormenta
07/Febrero/2010
Hace poco recibí por internet un discurso del presidente Oscar Arias en el que decía entre muchas otras cosas, que los latinoamericanos nos seguimos peleando por cuestiones ideológicas mientras que otros países se habían puesto a caminar en pos del desarrollo sin preguntarse si las decisiones que tomaban eran de izquierda o derecha. O sea: eran más pragmáticos.

Lo curioso es que México sigue siendo un país difícil de explicar de manera tan sencilla. Porque resulta que, ante ciertos problemas, efectivamente pareciera que posiciones ideológicas impiden muchos acuerdos.

Se dan discursos grandilocuentes, se habla de la Patria que no puede ser mancillada ni vendida. Las posiciones aparentemente ideológicas impiden llegar a acuerdos. ¡Hay principios irrenunciables, señores! Pero he aquí que ya se ve en lontananza lo que parece ser un hueso. Y entonces se sacan las uñas, se afilan los colmillos, hierve en espuma la boca de nuestros líderes y ¿se recrudece la lucha ideológica? ¡No! Más bien pasan cosas sorprendentes: PAN y PRD se olvidan de sus diferencias y se lanzan en el sur del país contra el PRI. No se trata desde luego de ganar una gobernación más, sino de ir poniendo sus piezas para las elecciones del 2012 y frenar la carrera de Jimmy Neutrón. ¿Será posible que se pase, de no reconocer al presidente espurio, a hacer alianza con su partido? Eso, es pragmatismo.

Tratándose del hueso o la curul, nuestros políticos resultan más pragmáticos que cualquier financiero de Wall Street. Porque a fin de cuentas, los partidos son trampolines y los principios fachadas. Y si ayer la curul se veía color rojo y verde y ahora más bien pintada de azul ¿para que pelear por el color? Lo importante es, como diría Juanito, refinarse unas quincenas a costa del erario.

Al terminar la jornada electoral del 2009 todos, sin faltar, se refirieron a la necesidad de impulsar cambios en las leyes electorales, para que la ciudadanía vuelva a confiar en los partidos, para que no nos vuelva a pasar que el voto nulo quede en tercer lugar en muchos distritos. Todos estábamos preocupados por don Ciudadano.

Ahora, que sería tiempo de impulsar los cambios, los partidos empiezan a recular, especialmente el PRI. ¿Por motivos ideológicos? ¡No que va! Se trata de acomodar las reglas y las leyes de acuerdo a los cálculos políticos, a garantizar de la mejor manera el triunfo electoral. No es un asunto ideológico la oposición a las candidaturas independientes, y ni qué decir de la reducción del financiamiento a los partidos.

Tampoco es por cuestiones ideológicas que más de una decena de Juanitas haya dejado su lugar a los que el partido había prometido los escaños; ni son cuestiones ideológicas las que llevaron al Verde y a las televisoras a constituir la telebancada. Es pragmatismo puro, intereses concretos constantes y sonantes.

El problema en México es que ni siquiera tenemos un debate ideológico, sino una lucha desbocada y pragmática por el poder, tanto el económico como el político, que rara vez toma en cuenta a los ciudadanos a nos ser que se les necesite para depositar su voto en las urnas o para llorar frente al drama de las telenovelas o de Salvador Cabañas.

Tristemente, la mayor parte de nuestra clase política está ya con la mira en el hueso, haciendo todo en función de las elecciones intermedias.

Cuando terminen éstas no habrá otra cosa que la arrancada prematura hacia el 2012. Y nos tenemos que resignar a verlos condicionar todas las decisiones urgentes del país a sus cálculos pragmáticos para repartirse el poder.

En la realpolitik mexicana las ideologías han sido en su mayoría, muertas y enterradas. Las sobreviven sus hijas bastardas, las demagogias y a la mejor, alguno de sus fantasmas. Pero lo peor es que, como en los entierros de antaño, sepultamos junto a ellas a la Ética Política.

Publicado en Milenio Diario, León, 7 de febrero del 2010
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