David Herrerías Guerra


En camión o en aventón
28/Abril/2010

Resulta que un día decidieron salir de viaje en bola. Consiguieron un autobús, más bien destartalado, pero que mal que bien caminaba. Tener un vehículo es una cosa, saberlo manejar es otra. No faltó quien se ofreciera, porque uno por allá había sido chofer, el otro, alegó que no sería mucho muy diferente del tractor que tenía hace años, en fin, que hubo para elegir quien sería el chofer.

Tampoco había claridad sobre el rumbo, y ya tres se decían excursionistas, guías de turista o cuando menos expertos vacacionistas. Hubo que oírlos y tomar la decisión sobre el mejor plan. ¡Vámonos! Pero Doña Eustolia, detuvo al primero que estaba ya con el pie sobre el estribo y enfrió el entusiasmo general argumentando, no con poca razón, que el grupo era muy grande y que los conflictos serían la moneda corriente.

Que sugería una persona de cordura probada que pudiera dirimir en esos casos lo que hubiere que hacer. Más por las ganas de zarpar de una vez, que por entender lo que la dama trataba, la mayoría ponderó prudente la propuesta y de pasada la nombraron responsable del cargo que ella misma sugería. Así se integró el trío y así se inició el viaje.

Al principio nadie reclamó la impericia del chofer y los tumbos y frenazos, porque eran parte de la novedad, pero después de un tiempo, lo novedoso se trocó en cansancio. Los más avispados dieron cuenta también de lo incierto del rumbo: el camión devoraba kilómetros y gasolina, pero no había claridad del lugar a dónde los llevaba. Los conflictos empezaron a surgir y Doña Eustolia no daba pie con bola.

Poco observadores habían sido, pero al sacar cuentas, las vueltas no habían sido en balde: habían recogido a la novia del chofer y la habían llevado a su pueblo, habían pasado a visitar a la abuela del guía y entregado un recado a la tía de Doña Eustolia. Todo con cargo a las contribuciones de los viajeros. Llegados a la siguiente gasolinera, se armó la bola. Se apuntaron otros tres candidatos para suplir a los corruptos y por aclamación se dio la alternancia.

A trajinar de nuevo, con la esperanza en el rostro: ¡ahora sí vamos a llegar! Pero antes de la siguiente gasolinera ya se habían dado cuenta de que lo único que había cambiado eran los encargos: el camión vagaba sin rumbo, haciendo favores a los tres que mandaban, que de vez en cuando se peleaban con los otros tres que habían mandado y con otros tres que ya tenían ganas de ocupar el asiento del conductor para resolver unos asuntitos personales.

Se dice que el camión sigue rodando sin llegar a ningún lado. Hay tres que cuatro que se turnan al volante y al final el autobús no va a donde los pasajeros quieren. Parroquianos, la mayoría, que siguen sentados sin hacer nada. Pero unos ya se bajaron y pidieron aventón. Un aventón ciudadano.

Hace diez años el País expresó su deseo de cambio, cambiamos de chofer, no pasó nada y como dice la Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA), hay motivos para el descontento: degradación de la calidad de vida, del patrimonio público y de los ecosistemas; disminución del bienestar, aumento de la pobreza y la desigualdad; mala calidad de la educación, corrupción, impunidad e inseguridad; excesivos recursos públicos que reciben y derrochan los partidos políticos y monopolio de las clases gobernantes en la gestión de lo público.

Por eso la ANCA convocó esta semana al “Aventón Ciudadano”, para provocar que la discusión sobre la reforma política se abra a otros actores y que las decisiones no terminen siendo las de unos pocos y de acuerdo a los cálculos políticos del momento.

El aventón ciudadano consistió en lo siguiente: un mismo documento, partido en cuatro partes, se distribuyó en cuatro “esquinas” del país: Tijuana, Monterrey, Cancún y Comitán. De cada punto partieron ciudadanos con el compromiso de viajar en aventón para reunirse en la Ciudad de México y entregarlo al Congreso. En el caso de la ruta que pasó por León, se llevó a cabo por medio de relevos. Llegó a León la semana pasada y nosotros la entregamos en Querétaro.

El asunto es llamar la atención sobre el contenido del documento: Queremos que las cosas sean diferentes, que las decisiones públicas se abran, que la reforma política se discuta de verdad y no que quede en un bodrio, fruto de intereses mesquinos. En particular el documento exige, entre otras cosas, que se aprueben la iniciativa legislativa popular y el plebiscito, que se reduzca el financiamiento público a los partidos políticos y se les obligue a la transparencia, que se aprueben las candidaturas independientes, que se elimine el fuero en materia de delitos ordinarios o crimen organizado y se establezca un medio para la revocación del mandato. Si quieres saber más del documento y la campaña, entra a www.anciudadana.org, o puedes seguir sentado en el autobús viendo la realidad desde la ventanilla…

Publicado en Milenio Diario, León,  28 de abril del 2010

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