David Herrerías Guerra


Mi diputado y yo
19/Mayo/2010
Vivo en el Distrito Electoral Federal 6 y el diputado que resultó electo en este distrito es el señor Jaime Oliva.

Entrando a la página del Congreso, me pude enterar que mi diputado cursó estudios hasta el nivel preparatoria, que fue empleado bancario llegando a ser ejecutivo de cuenta. Que después puso un negocito de compraventa de calzado... hasta que lo descubrió algún caza talentos de la política, porque de ahí pasó a ser asesor en el Senado, asesor de la Secretaría de Finanzas del Estado de Guanajuato y desempeño otros cargos y tareas partidarias. Ahora es diputado federal.

En la cámara se integró a tres comisiones: Cultura; Educación Pública y Población, Frontera y Asuntos Migratorios. La primera pregunta es por qué, alguien con su curriculum, está en la comisión de cultura, o de educación. Pero bueno, ahí está.

Cuando uno analiza su trabajo legislativo, encuentra que, según la información que nos da la propia Cámara, no ha presentado ninguna iniciativa ni en 2009 ni en 2010. Sólo aparece como adherente en 2 Iniciativas en 2009 y en 5 en 2010. Hay que decir que no tiene prácticamente ausencias, pasa lista, aunque si se ve con más calma el sentido de sus votos, hay días en que pasó lista pero no estaba a la hora de la votación.

Hay un sitio en internet que se llama “blogs entre la gente”, en el que dan un espacio a cada diputado del PAN. Busqué a mi diputado y en su espacio no hay ninguna entrada. Empiezo a sentirme huérfano de diputado. Pero mi representante sí cobra su salario. El portal nos dice cuánto gana: dieta neta mensual, 77 mil 745 Pero además 45 mil 786 bajo el concepto de asistencia legislativa y 28 mil 772 Para atención ciudadana.

Cuenta también con un seguro de gastos médicos mayores en el que la suma asegurada básica tiene un rango de hasta mil 500 salarios mínimos -porque con su exiguo salario no le alcanza para pagárselo por su cuenta -, seguro de vida, aguinaldo de 40 días y un mes de dieta para gastos funerarios de sus padres, cónyuge o hijos. Recibe entonces más de 150 mil pesos más prestaciones.

Me preguntaba entonces: ¿en qué se gastarían esos “pequeños” extras que recibe? Imaginé que al ser dinero público se podría tener un control de los mismos. Escribí a mi diputado, desde febrero pasado, preguntándole en qué se gastaba los 28 mil pesos que le dan para atención ciudadana. No me ha contestado. Fui a sus oficinas en León y me dijeron que eso se contesta por el portal de transparencia. En el portal de transparencia me contestaron que una vez que el diputado firma de recibido su chequesito, este se da por comprobado. Es decir, que los dos ingresos extras de asistencia legislativa y atención ciudadana son en realidad un sobresueldo que ya no requiere comprobación.

La diputada Lucy Gallegos, que sí contestó a nuestros correos nos informó que el dinero de este rubro se va en mantenimiento de sus oficinas en León, pago de sueldos y donativos en especie a gentes necesitadas de apoyo. Es muy probable que este dinero se gaste fácilmente en eso y pueda incluso faltar, pero el asunto es que no podemos saber en qué se gasta este dinero público porque no hay ley que los obligue. Por otro lado eso entraña una perversión: es necesario, sin duda, que los diputados tengan una oficina en su distrito que debiera estar dedicada a recoger el sentir de la ciudadanía sobre los temas que legisla, a escuchar a sus representados, a dialogar sobre sus propuestas en la cámara. Pero en realidad esas oficinas se convierten más en oficinas de gestoría y de asistencia social. El diputado reparte nuestro dinero en pequeños donativos, saludando con sombrero ajeno, mantiene un mecanismo clientelar perverso: la pobre gente que acude ante el magnánimo diputado para que le resuelva una urgencia a cambio desde luego, de su voto.

En fin, esto no es privativo de mi diputado, es parte del sistema. Hasta ahora y por lo que veo en la página del Congreso - única fuente de información que tengo sobre su trabajo porque no contesta mis correos- me parece que mi diputado me está saliendo demasiado caro. Se ha sumado a las iniciativas de otros, seguramente hará presencia en las comisiones y plenarias, y hará algún otro trabajo partidario. Si le pagaran el salario que percibía como ejecutivo de cuenta en un banco me parece que estaríamos a mano.

Se dice que la parte de la Reforma Política que tiene más posibilidades de concretarse es la de la reelección de diputados. Si se hace esta reforma, pero los ciudadanos no somos capaces de ver quiénes son nuestros diputados, qué hacen, qué opinan, por qué votan, esa reforma que podría traer beneficios será solamente una herramienta para que muchos vividores de la política se eternicen en el poder ¿Hasta cuándo nos vamos a dejar?

Publicado en Milenio Diario, León, 19 de mayo del 2010
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