David Herrerías Guerra


El show debe continuar
09/Junio/2010
Una mujer o un hombre, en pleno uso de su libertad, decide tomarse unas copitas. Unas cuantas nomás, aunque una vez que se empieza no siempre se lleva la cuenta. Después, quizás ya sin mucho control sobre el uso de su libertad, decide subirse al auto y conducir hacia su casa. Ya en esas, sucede un “accidente”. Es decir, sucede algo que nadie quería que sucediera, pero sucede. Y hay vidas que se apagan.

Los accidentes de tránsito son noticia de página roja, rara vez pasan a la primera plana, a menos que sean verdaderas tragedias. Pero las muertes por accidente no son cosa menor: en 2008 murieron en México más de 24 mil personas víctimas de accidentes de tránsito, según el Observatorio Nacional de Accidentes, 7 mil 269 fueron decesos por atropellamiento. Son la primera causa de muerte en la población entre 5 y 34 años de edad y la segunda causa de orfandad. 750 mil heridos graves que requieren hospitalización. La lesiones, discapacidad y muerte por estas causas se valúan en 120 millones de pesos al año.

En Guanajuato se registran más de 24 accidentes al mes. Es como si un asesino en serie se dedicara a matar una persona en el estado diariamente, descansando solamente los domingos.

El suceso en el que se vio involucrada Celia Lora logró pasar a la página de espectáculos y a la primera plana. Para la Asociación de Familiares de Atropellados, en León, el caso es importante porque puede sentar precedentes sobre la forma en que se aplique la ley a personas que en estado de ebriedad maten a otros con sus automóviles. Y el caso es paradigmático en muchos sentidos, porque nos muestra otra vez muchos de los vicios de la justicia en México.

Por un lado, tenemos un sistema de justicia mediático. Antes de que los involucrados lleguen con el juez, ya fueron sentados en el banquillo de los programas de televisión y se dictan sentencias. Este caso fue sorprendente: no sólo se hizo el juicio sino que los medios funcionaron como justicia alternativa real. Fueron capaces de sentar a las partes involucradas para hacer arreglos monetarios frente a todos los televidentes. Un reality show del derecho.

En México cada vez nos acostumbramos más a litigar en los medios, con la consecuencia de que se dictan condenas y absoluciones antes de que los supuestos culpables sean juzgados. A veces, es porque los medios y los involucrados lo buscan, los primeros como negocio, los segundos como estrategias de presión, pero a menudo es la diarrea verbal de los funcionarios, la incapacidad para quedarse callados, la que propicia este modo de justicia mediática, como en el caso Paulette. Al final, si la versión de los jueces no se adapta al veredicto televisivo, nadie lo creerá.

Pero no sólo los medios lucran. En el caso de Celia Lora, y gracias a su aparición en televisión, se desnuda también el oportunismo de los abogados que como buitres se aprestan a sacar una tajada. El abogado defensor se llevará 30 por ciento de la indemnización que los Lora paguen a la familia del difunto. Se puede ver como una tercera parte que se arrebatará a los causantes del accidente, pero también como una buena cantidad que serviría mejor a la familia del difunto.

Por la gravedad del asunto hay voces que piden que se endurezcan las penas a quienes manejan en estado de ebriedad. Es necesario que su irresponsabilidad reciba un castigo, decimos. Es claro que no debe quedar impune ninguna falta porque de hacerlo nadie respetaría las leyes. Pero al final: ¿de qué nos sirve tener a Celia Lora en la cárcel? La familia del difunto no va a recibir más dinero. Esto pone otra vez al descubierto otra de las taras del sistema de justicia en México: la falta de imaginación y creatividad. No se nos ocurre otra cosa que meter a la gente a la cárcel. Desde luego que las cárceles son necesarias para ciertos delitos, pero en el caso que nos ocupa el problema es que no existe un sistema que regule eficientemente las faltas de tránsito. Si a alguien se le sorprende manejando con aliento alcohólico se le impone una multa económica, pero al día siguiente puede volver a tomar el auto. ¿Por qué no se le retira la licencia como se hace en otros países? Existe la tecnología necesaria para llevar un control nacional de licencias, de forma que quien maneje una vez que le ha sido retirada, puede recibir una pena más grave.

No nos sirve que Celia Lora esté recluida, pero sí nos da más seguridad saber que no volverá a subirse a un auto. Las penas tienen que tener una congruencia con lo que se busca solucionar.

Ya sé, ya sé, adivino lo que estás pensando: Lo que pasa es que no podemos confiar en que le no le den después una licencia a la infractora mediante jugosa gratificación… pues sí, la corrupción, mi pecado favorito, diríamos, parafraseando el final de la película El Abogado del Diablo.
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