David Herrerías Guerra


Derecho a la transparencia
08/Diciembre/2010
No cabe duda que el señor Julian Assange, señor de las filtraciones, es uno de los personajes que más adjetivos encontrados ha reunido en los últimos tiempos. El tema de fondo es la transparencia: el derecho a conocer de la ciudadanía, contra el derecho a la reservar información por parte de la autoridad.

En el caso de WikiLeaks el asunto es complejo porque entre todos los documentos que se pusieron a la vista hay información muy diversa. Se necesita ser experto para saber si esta información en realidad pone en peligro a personas concretas o la seguridad de algún Estado. Lo que se ha alcanzado a ver recuerda más al guión de una de esas películas en la que los protagonistas se ven obligados a decir siempre la verdad o que son descubiertos expresando su verdadera opinión de la suegra. Claro que a nadie le gusta saber lo que en realidad piensan sus vecinos de él, aunque sospecháramos de ello. ¿Alguien creyó antes de esto que los Estados Unidos tenían plena confianza en el Estado Mexicano y su lucha contra los narcos? ¿o se sorprende alguno de que los agregados diplomáticos sean proveedores de información de sus gobiernos? ¿o de que antes de una entrevista entre altos personeros del estado se trate de averiguar algo sobre sus mutuos perfiles psicológicos? Como sea, las reacciones son encontradísimas: desde algunos republicanos que solicitan tratamiento de terrorista para Assange, hasta su entronización como Robin Hood moderno que le han dado muchas organizaciones civiles.

Los gobiernos se han visto realmente molestos y hacen todo lo posible por perjudicarlo, pero no la tienen fácil. Por un lado WikiLeaks manejó de forma muy inteligente esta última filtración asociándose a periódicos tan influyentes como The Guardian, Der Spiegel, El País, Le Monde, y New York Times que han decidido y dosificado la información que se publica. ¿Se irían también contra todos ellos? Han intentado presionar a quienes le han dado hospedaje, pero el Australiano hizo un llamado para que personas de todo el mundo crearan espejos de la página y en uno o dos días más de 500 espejos fueron creados. Además WikiLeaks tenía un prestigio ganado a pulso por la publicación de los excesos de ejército norteamericano en 2007. Los gobiernos defienden que para llevar las relaciones internacionales se debe contra con un mínimo nivel de confidencialidad y no les falta razón. También es verdad que lo que permitió a WikLeaks contar con esta información fue un robo. Pero por otro lado es verdad que los gobiernos se van constituyendo cada vez más en entes que deciden muchísimas cosas en contra de sus mismos ciudadanos y no podemos permitir que con el pretexto de la necesaria confidencialidad hagan cada vez más cosas a espaldas de la ciudadanía. La filtración sin duda ha sido y será una fuente de información importante para entender el fenómeno de la diplomacia mundial, y nos confirma algunas verdades que ya intuíamos.

Sin embargo, y aunque resulta más espectacular este caso internacional, podríamos preocuparnos un poco más por la cuestión de la transparencia a nivel local, que nos afecta más directamente. En el seguimiento que ha hecho Propuesta Cívica a los Consejos Ciudadanos, por ejemplo, nos hemos topado con Consejos que declaran que algunos asuntos no los pueden tratar en nuestra presencia y somos expulsados de las sesiones o bien, se convocan a sesiones privadas ¿es esto legítimo? Nuestra ley de transparencia establece el principio de “Máxima Publicidad”, que supone que en caso de “duda razonable, se opte por la publicidad de la información” Es decir, si tenemos duda es mejor pecar de excesivamente transparentes que de opacos. Como información reservada la Ley define la que, entre otras cosas, ponga en riesgo la seguridad de les Estado, los Municipios o la seguridad pública, o la privacidad de los particulares. También la que lesione procesos de negociación que estén en curso, o procesos o proyectos, aclarando que esta información dejará de ser reservada cuando culminen los procesos. Estos serían los casos en los que un Consejo, que es un sujeto obligado de la Ley de Transparencia, podría argüir la necesidad de sesionar en privado. Pero debiera establecerse formalmente que determinada parte de la sesión será reservada porque cae en estos supuestos. Más habría que decir sobre la todavía muy poco transparente convocatoria que se hace a las sesiones, que hace muy complicado poder asistir a ellas.

El deseo de guardar cosas escondidas del escrutinio ciudadano puede ser un temor legítimo al uso indebido de la información, pero en general se parte del falso supuesto de que la población, infantilizada, es mejor que no se entere de algunas cosas que no entendería ni sabría asimilar con madurez. En todos los niveles, como lo establece la Ley, siempre será mejor un exceso de transparencia que de turbiedad.

Publicado en Milenio Diario León
http://impreso.milenio.com/node/8878118
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