David Herrerías Guerra


Pastoral... y Política
12/Febrero/2016
Estamos a un día de una nueva visita de un Papa a México y los comentarios sobre la naturaleza del viaje se multiplican ¿Qué podemos esperar de esta nueva cita con un Papa? ¿es una vista puramente pastoral? ¿tiene un sentido político? Hay que decir en principio, que más allá de la intención que el mismo pontífice tenga, o diga que tiene, al realizar una vista, esta adquiere sentidos independientes que se escapan al control del mismo que viaja.
 
Desde luego que debemos esperar, antes que nada, una visita pastoral. El Vaticano ha insistido que el carácter de este viaje es ése y el mismo Papa Francisco ha expresado, con humildad, que viene “a buscar en el pueblo mexicano que me den algo. La riqueza de fe que tienen ustedes”. Viene a recibir, más que a dar, dice, pero es obvio que el Papa viene a dar un mensaje, a decirnos algo. Esperamos una prédica de pastor que, seguramente, seguirá bordando sobre los temas que han distinguido su pontificado: la inclusión, la misericordia, el perdón, la importancia de la familia, la justicia social y la atención al medio ambiente. Todos temas que no hacen sino regresar a la esencia del cristianismo y de la misma doctrina social de la Iglesia, quizás con la novedad del énfasis en la ecología.
 
Ya estos temas, por sí mismos, nos dejan ver que lo pastoral no puede expresarse sin rozar con lo político y una lectura de su visita en esos términos es inevitable. Aunque a veces se diga lo contrario y se repita como jaculatoria eso de que a “Dios lo que es de Dios y al César los es del César”, el cristianismo católico y la política, siempre han caminado juntos. Ese vínculo está en la naturaleza misma de la Iglesia y del cristianismo.
 
El cristianismo, como las otras religiones abrahámicas o semíticas (judaísmo, cristianismo, islamismo) son religiones “históricas”. El término no alude a su antigüedad, sino a su creencia en un Dios que interviene en el mundo material: Dios es Señor de la Historia. En las religiones cósmicas (como las religiones indígenas) los ritos y las prácticas religiosas no buscan tanto cambiar la historia, sino conectar al ser humano con los otros planos, el inframundo o el supramundo. Las religiones oceánicas, como el budhismo, buscan que el ser humano se funda con la totalidad. No es que la religión cristiana excluya como algo fundamental ese re-ligar al hombre con el Absoluto, pero lo hace, además, para transformar el mundo en el que vive. Hay un plan para la humanidad y Dios no solo interviene, sino que toma partido. La misión de los creyentes es “colaborar” con ese plan divino. En el caso de la Iglesia, construyendo el Reino de Dios en la Tierra.
 
El Papa no viene a dar unos talleres de meditación trascendental, viene a dar mensajes sobre la realidad concreta que estamos viviendo, iluminada desde la fe. Él mismo lo anticipa en una entrevista de Notimex: “Violencia, corrupción, guerra, niños que no pueden ir a la escuela por sus países en guerra, tráfico [de drogas], fabricantes de armas que venden armas para que las guerras en el mundo puedan seguir. Más o menos este es el clima que estamos viviendo en el mundo. Ustedes están viviendo su pedacito de guerra, su pedacito de sufrimiento, de violencia de tráfico organizado”. Y viene a hablar de eso a los católicos mexicanos porque desde el cristianismo auténtico no se puede vivir sin hacer algo para transformar esas realidades que van en contra de lo que entendemos por un mundo donde reine Dios: un mundo de equidad, justicia, amor, fraternidad etc.
 
La política es, para muchos, el arte de buscar, obtener y retener el poder. Pero en un sentido más amplio es la disposición para actuar en una sociedad utilizando el poder organizado para lograr el beneficio colectivo. Incitar a los católicos a que no se mantengan indiferentes a las realidades que el Papa describe, ponerlos en la disposición de actuar para combatirlas, es político. No en un sentido partidista, ni llamando a una revolución o la instauración de un Estado teocrático; pero es político en tanto que busca transformar las relaciones al interior de esta sociedad concreta a través de la capacidad (poder) de los cristianos para actuar. Basta con ver la elección de los lugares: Chiapas, la cuestión indígena (¡y la visita a la tumba de Don Samuel!); Juárez, la violencia contra la mujer; Michoacán, la violencia del crimen organizado. Es una agenda pastoral... y política. Ojo: no porque este Papa sea más de centro izquierda es más político que sus predecesores con una pastoral más conservadora ¿Quién puede negar que Juan Pablo II se la pasó haciendo política?
 
Además de lo anterior, la visita tiene un peso político simplemente porque Francisco es el líder de 1200 millones de católicos en el mundo. No hay ningún líder religioso con más seguidores, no solo por el alcance que tiene la iglesia católica, sino por su estructura excesivamente jerárquica, muy diferente a otras religiones, que tienen en general dirigencias menos piramidales y pastores con menos ovejas en su grey. De esos millones de católicos en el mundo, al menos 100 viven en México, aunque menos de la mitad sean realmente practicantes. Cualquier líder que tiene influencia en las formas de pensar, en los valores, en las opiniones del 85% de los habitantes de un país, necesariamente tiene un poder político. No es casual el esfuerzo de muchos funcionarios de signos muy diversos, incluso de ciudades muy liberales, para salir en la foto cerca del Papa. Algunos lo hacen, seguramente, movidos también por su fe, otros por sumar el carisma de Francisco a sus propios intereses.
 
Su visita es política, además, porque viene como pastor y como Jefe de Estado, aunque sea un Estado con el que no tenemos tratado de libre comercio, pero sí con el que una inmensa mayoría de mexicanos tiene relaciones afectivas, espirituales o culturales.
 
Cuando afirmo que la visita del Papa es necesariamente política no le resto un ápice a su dimensión pastoral y espiritual. Es lo uno y lo otro o mejor dicho, como es lo uno, es lo otro. Para el cristiano la política debe ser la dimensión social de la caridad, de la justicia, de la misericordia, del amor. Y lo interesante de este Papa es que ha recuperado estos temas y los ha sacado del baúl de una Iglesia que se había vuelto casi monotemática (según él mismo dijo) con las cuestiones del aborto y la sexualidad. Habrá que escucharlo con mucha atención, no porque vaya a resolver nuestros problemas sociales más acuciantes, sino por lo que pueda ayudar para darnos nuevas luces y más esperanza.
 
 
 
 
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