David Herrerías Guerra


El Verde deslavado o el ecologismo chato.
03/Septiembre/2015
¿Qué banderas recuerda del Partido Verde en los últimos años? ¿Cuáles son distintivas de un partido ecologista? No creo que sea la pena de muerte para secuestradores. El circo sin animales y, en algunos lados, la oposición a las corridas de toros, parecen ser las principales y las más “verdecitas”. Recientemente en León se lanzaron en contra del uso de pieles exóticas en el calzado, con todo lo ambiguo que tiene la definición de “exótico”.
 
No es que sean temas de por sí banales, dado que tienen que ver con el trato que damos a otros seres vivos. Si elimináramos las corridas de toros en todo el país podríamos estar evitando la tortura (que no la muerte) de unos 5 mil animales al año. No es poca cosa. Si desaparecen los animales de los circos, evitaremos, parcialmente, el sufrimiento de unos 1100, aunque probablemente los condenaremos a muerte o a cadena perpetua en quién sabe qué condiciones. Soy de los que piensan que las corridas de toros no son un entretenimiento apto para menores y sostengo que el Estado sí tiene el derecho de regular la admisión de los menores a ciertos espectáculos, como lo hace impidiendo su entrada a los cines porno o los antros. También creo que los circos pueden transformarse gradualmente hacia espectáculos más estéticos y artísticos. Pero la pregunta de fondo es si son esas campañas y esos cambios lo que debe desvelar a un Partido Verde en un país como el nuestro.
 
La tasa de extinción promedio de especies en México durante el siglo XX, según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, fue de 5.6 especies por año, lo que corresponde a una tasa cinco veces mayor que la tasa absoluta promedio de extinción natural, calculada en una especie al año. ¡5.6 especies completas por año! No estamos hablando de individuos, sino de especies completas que nuestros hijos ya no podrán conocer: peces de agua dulce como el cachorrito Potosí y el cachorrito Trinidad; aves como la paloma de la Isla Socorro y el paíño de la Isla Guadalupe; mamíferos como la foca monje del Caribe, el oso pardo y el lobo mexicano.
 
La pérdida y deterioro de los hábitats es la principal causa de pérdida de biodiversidad. Las últimas estimaciones, según CONABIO, dicen que en México se ha perdido alrededor del 50% de los ecosistemas naturales. Se calcula que la pérdida de biodiversidad del planeta es ocasionada en un 80% por la deforestación; más del 95% de los bosques tropicales húmedos en México han desaparecido. De acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), México se encuentra entre los primeros países con mayor deforestación en el mundo. Al transformar selvas, bosques, matorrales, pastizales, manglares, lagunas y arrecifes en campos agrícolas, ganaderos, granjas camaroneras, presas, carreteras, desarrollos turísticos y zonas urbanas, destruimos el hábitat de miles de especies. Parte de la biodiversidad en plantas se ha perdido por la introducción de semillas “mejoradas” que desplazan a las semillas nativas. Pero no hay en el Congreso un grupo que esté empujando regulaciones estrictas, por ejemplo, contra la construcción de desarrollos turísticos en las zonas de manglares. Algunos miembros destacados del Verde se han hecho notar más por sus escándalos en hoteles erigidos sobre esos amenazados espacios de transición natural en Cancún, que por la vigorosa defensa de esos hábitats.
 
La minería es una de las actividades más destructoras de la biodiversidad. Deforesta millones de hectáreas y pulveriza montañas. Su capacidad de contaminación es la más extensiva: daña por igual a la flora, la fauna, los suelos, el agua, el aire y a las personas. En Chiapas se han concesionado yacimientos de titanio y magnetita en el Área Natural Protegida de la Reserva de la Biosfera El Triunfo; en Veracruz la mina de oro Caballo Blanco destruye manglares, vegetación de duna costera, bosque de encino tropical y selva baja caducifolia; en Sonora se conocen de sobra los efectos de la explotación de los recursos y la contaminación que genera Minera México. Las extractoras Canadienses operan en nuestro país en condiciones que en su propio territorio están vedadas. Pero en México la legislación es permisiva y no existen diputados que estén dispuestos a romper lanzas contra una industria depredadora que acaba con miles de animales, plantas y daña gravemente la salud y la integridad de las personas. Prefieren repartir mochilitas verdes.
 
A pesar de tener compromisos con la comunidad internacional en la lucha contra el calentamiento global, en México se aprobó una reforma energética extremadamente tímida en lo que respecta al uso de las energías renovables. Se estima que los proyectos solares en el país tienen un sobrecosto del 60% debido a problemas logísticos, costos de ingeniería y procuración de permisos. La transformación energética de México se deja en manos de la iniciativa privada, sin incentivos reales ni políticas de inversión importantes en investigación y desarrollo, mientras se tratan de vender los últimos activos de un combustible fósil que irá perdiendo su valor estratégico en el mediano y largo plazo. Pero no hubo, durante la reforma energética, un ala política verde capaz de ver más allá del valor de las remesas petroleras o de su alianza electoral con el PRI: que viera el asunto de la energía no solo como un negocio sino como un tema de supervivencia estratégica. Los del Verde estaban ocupados en su propia supervivencia, en la búsqueda de resquicios en la ley que les permitieran ganar votos moviéndose en el filo de la navaja.
 
No se le ve, al Partido Verde, abanderando los grandes temas nacionales del manejo del agua como mercancía y la construcción de grandes presas (cuando en los países desarrollados la tendencia es su desmantelamiento);  el impulso a los trenes y sistemas de transporte ecológicos; la legislación que ponga coto a la expansión desordenada y abusiva del concreto por encima de los espacios verdes. México vive una emergencia ecológica y se esperaría un partido que fuera el impulsor permanente de las causas verdes, capaz de construir trincheras en contra de los grandes intereses económicos que producen los verdaderos desastres ambientales. Al hacer uso del denotativo “verde” ocupa un lugar en el espectro político y cancela, en buena medida, la participación de otros actores genuinamente ecologistas.
 
El tema de los circos y las corridas, sin desdeñar su efecto inmediato, son expresiones de un ecologismo bastante chato –si se queda en eso– y que en el contexto de los grandes problemas ambientales de México, se revela más como una estrategia mediático electoral, que como una verdadera convicción ambientalista.
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