David Herrerías Guerra


¿A quién subsidiamos?
07/Mayo/2015
Varias organizaciones y grupos de habitantes de 25 colonias del Polígono de Pobreza Las Joyas, llevamos a cabo un ejercicio de análisis sobre las necesidades más apremiantes de la zona. Del ejercicio surgió un documento que llamamos Agenda de Necesidades de Las Joyas.  Pero hoy no voy a hablar todavía del documento, hasta que sea presentado a los Partidos en un diálogo entre los lideres de las colonias y las OSC, y los candidatos que contienden por el Ayuntamiento y el distrito que corresponde a Las Joyas. Lo traigo a colación, porque uno de los temas que apareció recurrentemente en este análisis, fue el de la movilidad: más que el de trabajo, seguridad o salud.
 
Reflexionando sobre esto, nos dimos cuenta de que el tema de la movilidad atraviesa todos los demás problemas. La distancia con un centro de salud o un hospital se vuelve abismal cuando no se cuenta con recursos para movilizarse en casos de emergencia o con enfermos graves o muy ancianos. En los polígonos de pobreza, las condiciones de las calles impiden, en muchas ocasiones, que las ambulancias o los mismos taxis estén dispuestos a entrar. Moverse dentro del polígono de pobreza de Las Joyas, por el diseño de las rutas de transporte, implica a veces salir del polígono y volver a entrar por otra ruta. Un hospital o una nueva clínica en la zona, que no contemple las rutas del transporte, puede no solucionar el problema de “lejanía” con los centros de atención a la salud.
 
La movilidad está detrás de las largas horas que los hombres y mujeres pasan en el transporte público rumbo al trabajo y esto está detrás de muchísimas horas que las familias están disgregadas y los hijos e hijas sin atención. Tener a los hijos sin atención generalmente dificulta la asistencia de esos niños a programas de formación en las tardes (música, deportes) porque los padres no están para llevarlos o recogerlos.
 
Hay muchos casos en las colonias en los que una de las razones para no llevar a los hijos a la escuela tiene que ver con que no alcanzaron lugar en la escuela cercana, y llevarlos diariamente supone pagar tres o cuatro pasajes de ida y vuelta, lo que acarrea un gasto difícil de cubrir. Sobra decir que no existen planes integrales de transporte que contemplen la posibilidad de alternar el uso de bicicletas con el transporte público, lo que inhibe su uso en unas circunstancias en las que sería muy ventajoso. Las vialidades sin pavimentar hacen muy complicado el acceso a algunas escuelas de la zona, además de volver un calvario el camino en tiempos de lluvia.
 
Recientemente la CONSAR afirmó que si la mayor parte de los mexicanos no aportaban al menos un 11 por ciento de su salario como ahorro voluntario, desde los 25 años, difícilmente alcanzarían a jubilarse con el 70% de su salario. En la nota sobre el tema que publica en internet un diario del Distrito Federal, una lectora opina en el correo del lector: “Para qué quieren que ahorre más si no puedo? [...] Si yo ganaba 3001 mensuales como obrera en la empresa, después de que me descontaban como 8 conceptos me quedan 2213 mensuales (2200 para cerrar). Cada quincena yo recibía 1100. Para vivir diariamente me quedaban 73 pesos, de los cuales se me iban 20 pesos diarios en autobuses. Me quedaban 53 pesos para el día (De esos tenia que ahorrar para el gas, el agua y la luz)...prácticamente iba y pedía fiado. Lo que solo podía pagar si vendía algunas cosas de segunda mano que me regalaban. Yo que no tenia hijos, otros que sí tenían, imaginen”. Esta lectora destina cerca del 25% de su salario a moverse. Y eso no está lejos de lo que la mayor parte de las familias mexicanas gastan en promedio, pues según la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares, los mexicanos gastan el 18% en transporte. Pero este porcentaje del gasto, como el de alimento, crece en la medidad en que la persona se acerca más al fondo de la pirámide social.
 
En las ciudades grandes de México, el 70% de las personas se mueven en transporte público, pero los gobiernos destinan el 70% de el gasto en infraestructura que aprovechan principalmente los automóviles, los que no mueven más que a un 20%. Esto quiere decir que en realidad nuestras ciudades están más dispuestas a subsidiar la minoría que tenemos automóvil que a la mayoría que viajan en autobús o bicicleta. Muchos ponen el grito en el cielo cuando se habla de subsidiar el transporte público porque dicen que es populista, pero no dicen nada cuando se construye un paso a desnivel de 800 millones de pesos que será utilizado principalmente por los automovilistas. Un paso a desnivel como el que se construye en León a ese costo; que beneficiará, se nos dice a 50,000, automovilistas; supone un subsidio a cada uno de los orgullosos dueños de un automóvil, 16,000.00 pesos. Eso equivaldría al pago de cerca de 1800 pasajes de autobús al precio de 9 pesos. O a darle el 50% descuento a 50 mil personas durante 5 años en su pasaje.
 
El transporte público no debe ser visto como una oportunidad de negocio, sino como una necesidad central en la vida de las personas. El transporte público debe ser subsidiado muy por encima del subsidio que recibe el auto particular, si queremos, en verdad, construir ciudades sustentables y equitativas.
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