David Herrerías Guerra


Instalaciones de vanguardia, ¿escuela de vanguardia?
26/Febrero/2015
Hace justo una semana la alcaldesa de León inauguró en el polígono de pobreza de las Joyas, lo que el gobierno municipal ha llamado la escuela de Vanguardia. La idea de crear edificios de gran calidad para los más pobres tiene su origen en las escuelas que el colombiano Sergio Fajardo construyó en Medellín durante su mandato como alcalde de esa ciudad. El esfuerzo por invertir en estos edificios de primer mundo en las zonas populares tiene un valor compensatorio: se trata de llevar la educación de mejor nivel a las zonas que más lo necesitan. Pero tiene también un valor simbólico: se trata de expresar una intención de revertir la lógica de hacer las cosas buenas para los que siempre han vivido mejor y a los pobres darles las migajas.
 
La escuela de las Joyas se trata de un edificio con biblioteca, aula para clases de arte, una Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (USAER) para atender a los alumnos con necesidades educativas especiales, elevador, cafetería, dos canchas de usos múltiples, tribunas, cancha mini futbol con pasto sintético, entre otras cosas. Baste decir que la Alcaldesa aseguró que es “una obra educativa tan grande, que va a tener un impacto tremendo en educación y desarrollo”.
 
El día de la inauguración, frente a una cadena de radio, la Presidente dijo que la escuela se había construido pese a la oposición inicial de algunos habitantes y del mismo párroco del lugar. Ante las evidentes bondades del proyecto arriba reseñado, el lector se preguntará porqué un grupo de habitantes de las Joyas y el Padre Alejandro Daza – querido amigo entregado como pocos al bienestar social de sus parroquianos – se oponían al proyecto. Desde luego que da gusto ver una escuela así en una zona tan necesitada. Pero para entender la reacción de la gente del lugar hay que hacer algunas precisiones que ayudan a dar luz sobre algo que al parecer la Alcaldesa sigue sin entender.
 
En un diagnóstico que nos tocó acompañar en la zona, los padres y madres de familia consideraban que uno de los factores más importantes para escoger escuela era la cercanía. Si una familia de escasos recursos tiene que tomar autobuses para llevar a sus hijos el gasto es difícil de cubrir. En la zona de las Joyas hay, según un documento del IMPLAN (2012) 11,092 niños en edad de cursar primaria. Hay 9 instalaciones educativas de ese nivel, que logran atender a solo 6,558. ¿Dónde están los otros 4500 niños y niñas? O fuera de la escuela o en planteles a uno o dos camiones de distancia. La pregunta de los habitantes era: ¿porqué destruir una escuela para construir otra? La nueva escuela de Vanguardia no crece su oferta respecto a la  anterior, que tenía 18 aulas y atendía a más de 1600 alumnos. Los que no iban a la escuela seguirán sin ir. Tampoco se alienta la posibilidad de hacer una escuela de tiempo completo, porque ese plantel tiene turnos matutino y vespertino.
 
Las dudas sobre la afirmación de que “será la mejor escuela de México”, es confundir el continente con el contenido. Se puede afirmar sin duda que es la escuela con las mejores instalaciones de México, y eso es muy bueno. Pero lo que sucede al interior no necesariamente cambiará. Habrá un salón para artes, pero la escuela no cuenta con profesores de arte... ni de inglés, ni de computación y mucho de menos de maestros para atender a niños con problemas de aprendizaje. Hay un profesor de deportes de tiempo completo en el turno matutino para atender a los 18 grupos, y uno que tiene pagadas 4 horas a la semana para atender a los mismos grupos en las tardes. La escuela Cándido Navarro (turno matutino) que es hoy la escuela de Vanguardia se colocó a media tabla de la última prueba enlace a nivel nacional. Sus alumnos obtuvieron una calificación promedio de 6.5 en matemáticas y 6.2 de en español. El 21% de sus pupilos se ubicaron en el nivel académico más bajo. ¿Van a mejorar esos resultados si no pasa nada más allá de cambiar los edificios?
 
La diferencia con fajardo en Medellín, es que en Colombia la educación depende directamente del Ayuntamiento. Hay una Secretaría de Educación Municipal que tiene injerencia en las plazas y parte de los contenidos y formación de maestros. El 40% del presupuesto municipal durante el período de Fajardo se dedicó a la educación. No construyó una, sino 10 escuelas, pero transformó también lo que sucedía adentro. En nuestro caso, la escuela de vanguardia, desde el día de su inauguración, ya no está en manos del municipio. Depende del gobierno del Estado y de la Federación. Hasta ahora, ni las plazas de intendentes que exigirán las extensas y costosas instalaciones están garantizadas. Gran parte de las cuotas que cobran las sociedades de padres de familia se dedican a comprar trapeadores y cubetas para mantener las escuelas públicas, en parte porque es más fácil hacerlo así que entrar en las marañas burocráticas de la secretaría más enredosa y lenta de todas, la de educación. ¿Quién le dará, por ejemplo, mantenimiento al elevador?
 
La propuesta de los padres y madres era construir con ese dinero una escuela digna, desde luego, en otro lado. Y quizás cambiar el elevador y otras partes que sobran cuando no se tienen ni maestros para usarlas, por mejoras en las otras ocho escuelas del mismo polígono, para tratar de llegar al otro 85% de los niños y niñas de las Joyas, evitando, además, los privilegios y diferencias al interior de las colonias.
 
Todo esto se le expresó a la Alcaldesa, pero al final prefirió convencer  solo a los padres de familia de los niños que ya tenían a sus niños inscritos para validar su proyecto, llegando a decir que “si no querían, la hacía en otro lado”. La escuela se tenía que hacer como se había decidido de antemano, porque era promesa de campaña, porque el gobierno sabe mejor que la gente lo que la gente necesita, y porque la decisión de hacerla era también electoral. Fajardo ha dicho de sí mismo, que el hecho de no provenir de ningún partido político le dio mucha libertad, porque no tenía que hacer cosas para apuntalar la permanencia de su partido. Sabía que tenía su mandato y su compromiso era solo con la gente. Puede haber en Bárbara Botello, desde luego, un legítimo deseo de reorientar el gasto hacia los que menos tienen, pero la escuela es, en sus propias palabras, “una obra emblema”, expresa la necesidad de dejar algo redituable a nivel electoral. Una escuela de vanguardia sirve más para ese propósito que 9 escuelas solo dignas, aunque estas pudieran haber sido un medio más efectivo para servir a más gente.
 
P.S. El siguiente artículo lo dedicaré a las plazas de la ciudadanía, cuyo potencial es mucho mayor, para que no se vaya a pensar que veo todo mal.
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