David Herrerías Guerra


¿Los mujeres y los niños primero?
01/Mayo/2014
 Así dicen que se debe hacer en los barcos cuando hay naufragio. Primero las mujeres y los niños. En tiempos de igualdad alguien podría regatearle ese honor a las mujeres, pero difícilmente habrá quien no suscriba la idea de poner a salvo primero a los niños y las niñas. Pero permítanme recordar, desde mi oscuro pesimismo, que en muy poco tiempo hemos tenido al menos dos casos famosos en los que se ha culpado al capitán de un navío, de asentar sus pies en tierra firme antes de salvar a los niños y niñas.  Eso nos enseña que una cosa son las máximas morales escritas en los carteles y otra cosa es la realidad.
 
Y si de poner a los niños y a las niñas primero en la sociedad se trata, desde luego que no habrá quien exprese públicamente su desacuerdo, a no ser que se trate de una reencarnación del Rey Herodes. Los niños, las niñas, la familia, qué bonitos sustantivos. Los predilectos para pintar las bardas y mostrar nuestro rostro más humano. Pero nuestra sociedad, como los navíos a punto del naufragio, hacen de las frases bonitas maderas para construir el bote en el que se salva el capitán, aunque se ahoguen los infantes.
 
La Nación, este gran barco habitado por muchos menores de edad: 1 de cada 3. Menores que compraron boleto en las partes más bajas del buque y que tiene el agua hasta el cuello. Se están ahogando diariamente, porque al menos el 8% de nuestros niños en edad de ir a la primaria presentan talla baja por desnutrición y el 19 % de los menores de 4 años viven en zonas con riesgo nutricional muy alto o extremo, según la Encuesta Nacional de la Nutrición. Se están ahogando y dejarán de respirar mucho antes de que el capitán y la tripulación, que tienen comedor en el Congreso, que cobran jugosos viáticos y que ganan para comer con vino importado, empiecen siquiera a tocar el agua salada.
 
Viajan sin bote salvavidas cinco de cada 1000 mujeres adolescentes, que ya son madres. Nueve de cada diez de esas niñas de 15 a 17 años y que ya son mamás, no asisten a la escuela, según reconoce el INEGI. Muchas de ellas no son derechohabientes, porque el 32% de los niños y niñas de 0 a 17 años no tiene derechohabiencia.  No van a poder usar los botes salvavidas que tienen muchos otros, especialmente el capitán y la tripulación de este barco en semi naufragio, porque estos sí que tienen derecho: además del seguro social a un seguro de gastos médicos mayores.
 
Víctimas primeras del naufragio son y serán más de 250 mil niños que deberían estar en preescolar, y no están. Más de 430 mil niños que deberían estar en primaria, y no están. Más de 400 que deberían estar en secundaria, y no están. Más de dos millones de adolescentes que debieran estar en la educación media superior, y no están. Es decir: más de 3 millones 300 mil niños o niñas que no están inscritos en el nivel educativo en el que deberían. Niños del naufragio que se ahogarán mucho antes que el capitán y la tripulación, porque afortunadamente estos tienen sus doctorados y maestrías en Harvard, en el ITAM, y muchos otros lados, que los ponen a resguardo de las inclemencias del tiempo y les garantizan, junto con otras mañas, estar en el puesto de capitán y tripulante del barco, cerca de los botes salvavidas.
 
En la bodega del barco, la que se inunda apenas el buque empieza a hacer agua, se apiñan los miles de niños y niñas víctimas del abuso infantil. No tenemos en México un registro de datos preciso sobre maltrato infantil. El DIF nacional llevaba un registro, pero en el 2010, cinco estados dejaron de reportar el dato. En el 2011 la mitad de los estados dejaron de hacerlo. Es mejor no saber cuántos niños han quedado atrapados en las bodegas inundadas. A toro pasado nos lo dirán los buzos. Sabemos al menos que cerca de mil adolescentes entre 15 y 17 años mueren al año por arma de fuego.
 
El cartel que reza “los niños y las niñas primero” sigue en el puente de mando, ¿quién le hace caso? ¿cuánto del dinero público que se invierte tiene un efecto en las condiciones en que viven nuestros niños y niñas? ¿Cómo se expresa esta prioridad en el gasto público?
 
Porque los niños y las niñas no asistirán a la escuela gracias a los millones de pesos que se nos van en la propaganda y los auto elogios pagados por nuestros políticos en los espectaculares y bardas publicitarias. Porque la violencia en nuestras colonias populares que cobran la vida a miles de adolescentes no cejará ni un ápice con la construcción de grandes vialidades y camellones hermosos en los lugares opuestos a sus colonias. Porque nuestros legisladores no funcionarán mejor, ni harán mejores leyes que ayuden de verdad a los niños y niñas porque tengan mejores prestaciones y se asignen salarios de primer mundo.
 
Que me perdonen, pero no se ve, por ningún lado, que las niñas y los niños, en este país que naufraga en la violencia, la corrupción y la ineficiencia, se vayan a salvar primero.
 
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