David Herrerías Guerra


Lo anacrónico no es la Reina, sino el DIF
11/Julio/2013
Permítaseme dar el contexto para que se entienda lo abrupto de la afirmación hecha en el  título: Hace unos días la Regidora del H. Ayuntamiento de León Beatriz Manrique soltó, en una entrevista para Milenio televisión, un buscapiés: “La Reina de la Ciudad debería de desaparecer”. Las razones: es una práctica anacrónica y no responde a una cultura democrática (yo añadiría que es además cursi, clasista y no tiene ninguna utilidad real). No es casual que fueran los panistas quienes defendieran una tradición “tan bonita” que elige a las Reinas entre las “mejores familias” de León (Léase: muchachas influyentes, ricas, bonitas según los patrones de belleza de la clase que las elige) El presidente del PAN en León encontró en el tema la oportunidad para cumplir su propósito de aparecer todos los días en la prensa y atacó a la regidora del Verde diciendo que debería hacer propuestas más importantes que esa. Y yo digo, cerrando el circunloquio que se inició con el título del artículo, que el panista tiene razón: la propuesta tendría que ser la revisión de todo el DIF, la institución que organiza actos tan irrelevantes como las Reinas de la Ciudad y otras similares.
 
Este es el asunto importante: lo que es anacrónico es la forma de organización de una dependencia a la que se le dedican muchos recursos en el municipio y en el país entero. Todo el DIF municipal es como un pastel merengoso de quince años, en el que las Reinas y las verbenas son sólo la muñequita de plástico corriente que se le pone encima. Lo empalagoso no es la muñequita.
 
Para empezar, el que esta institución – fundada por Doña Carmen Romano de López Portillo – tenga que estar presidida por un club de damas, parte de una concepción de mujer y de matrimonio anacrónica. Por un lado, se parte de la idea de que las mujeres no tienen vocación propia, están atadas a la carrera política del marido. Si el marido es funcionario público ellas tiene que estar en el DIF, no importa si ellas tenían una carrera propia. Esto, por cierto, ha dado una licencia tácita al nepotismo. Además, como el DIF tiene que ver con la familia, “ese es claramente un asunto de mujeres”, por lo que el patronato tiene que ser mayoritariamente femenino. No importa que algunas de ellas no hayan hecho más caridad en su vida que juntarle ropita vieja a su empleada doméstica.
 
Hay también una concepción de la asistencia social como un asunto no profesional; no es de expertos, sino de señoras ricas que tienen tiempo libre. En el consejo o patronato (al menos a nivel municipal) no se integran profesionales del desarrollo, activistas de OSC dedicadas a la asistencia social, psicólogas. Ni siquiera se integran los representantes del municipio vinculados al desarrollo social. Por ejemplo: el DIF tiene un asiento en el Consejo del Instituto de la Mujer, pero no al revés. El nombramiento de las Consejeras en esta paramunicipal es el menos democrático. No es casual que en los últimas tres administraciones, este Consejo haya sido el que sesiona de forma más irregular, el que hace más mal sus actas, el que se resiste más a ser observado (según consta en los estudios que Propuesta Cívica Guanajuato ha llevado a cabo).
 
El DIF mantiene una idea de la asistencia social como caridad que se opone a concepciones modernas de combate a la pobreza y duplica o suplanta a otras instituciones que podrían hacer lo mismo de una manera más integrada a una política de atención a la pobreza: Los problemas de nutrición infantil son también de interés o debería ser tratados, atendiendo a visiones integrales de salud, por la Dirección de Salud; la atención a las mujeres y los asuntos reproductivos, desde una perspectiva médica, tienen que ver con el sector salud, desde una perspectiva social y de educación son atendidos también por el Instituto Municipal de la Mujer; el tema de la pobreza debe ser atendido de forma integral, por la secretaria de Desarrollo Social; la atención a organizaciones de la sociedad civil que desarrollan una labor asistencial y que hace –en general mal – el DIF, se duplica con la labor de otra oficina dedicada a la relación del gobierno Municipal con estos organismos independientes.  En todos esos temas está el DIF, no sólo duplicando, sino a veces llevando a cabo su labor con perspectivas contrarias a las otras oficinas de gobierno: no siempre coincide el enfoque del Instituto de la Mujer con el del DIF cuando se trata de salud reproductiva o de atención a mujeres golpeadas; no coincide la idea de atacar la pobreza a través de proyectos productivos, de fomentar la organización comunitaria de algunas oficinas de desarrollo con la idea de regalar cobijas y hacer bazares año tras año.
 
Y el DIF de León no es un juguete barato: el subsidio municipal para el 2013 es de más de 60 millones de pesos, el más alto para una paramunicipal: El Instituto Municipal de la Mujer trabajará con menos de tres millones; el Consejo para la cultura con cerca de 35. El DIF recibe también más que direcciones dedicadas al tema de la atención social:  la Dirección de Desarrollo Rural trabajará con 23 millones, la dirección de Salud con 33 millones, la dirección General de Desarrollo social, 36 millones… Y gran parte de ese subsidio de pierde en cuestiones administrativas, en sueldos altos, en “escoltas”…
 
El DIF no tiene que desaparecer, puede ser una oficina de coordinación que ayude a dar coherencia a un programa de desarrollo social municipal integral. Pero para eso debe profesionalizarse. Debe constituirse un Consejo con expertos en los temas de desarrollo social y con funcionarios de las dependencias involucradas. Debe ser parte de una política pública integral de combate a la pobreza que reconozca que la equidad y el desarrollo son asuntos estratégicos y complejos que deben abordarse profesionalmente. Las Reinitas de la Ciudad, los logos con corazoncitos y las verbenas caerán por su propio peso.
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