Sergio Aguayo


27 ciudades
08/Agosto/2012
Las víctimas de la violencia recorrerán Estados Unidos durante un mes. Se agitarán conciencias y se atizarán rencores en un evento cuyo significado hay que explicar antes de adjetivar.
Hay tantas marchas que han perdido algo de eficacia. La Caravana por la Paz iniciará el próximo domingo 12 de agosto y está en una categoría aparte, porque es el esfuerzo más sistemático y ambicioso de centenares de organismos de México y Estados Unidos empeñados en construir una agenda de los afectados por la violencia sistémica.
En la violencia tienen responsabilidad los dos gobiernos. El Estado mexicano y en particular el gobierno federal panista hablan más de lo que hacen pero en los hechos han demostrado lo poco que les importa el sufrimiento humano. Washington sigue paralizado ante las periódicas matanzas que azotan su territorio y evade la tragedia humanitaria que padece México. La Casa Blanca es capaz de imponer un embargo de armas a Libia, pero se doblega ante los mercaderes de la muerte que envían armas de contrabando a México aprovechándose de la debilidad y corrupción del Estado mexicano.
La Caravana es una protesta que busca convertirse en propuesta binacional. Durante la gestación y organización de ésta, los organismos de ambos países han tenido que resolver grandes diferencias lingüísticas y culturales. Somos países diferentes. Poco a poco se han encontrado formas para resolver las distintas maneras de utilizar el tiempo, de procesar disputas y establecer los métodos que lleven a puntos de acuerdo pensando, siempre, en una colaboración permanente.
Los centenares de participantes de México y Estados Unidos se reunirán en Tijuana el próximo sábado para ingresar al día siguiente a Norteamérica por San Diego. Recorrerán en autobús y automóvil el lado americano de la frontera, para luego cruzar el sur conservador y hacer escala en el ventoso Chicago, para seguir hacia Nueva York y cerrar el viaje en la capital de aquel país el 12 de septiembre, un día después de que se conmemore el ataque terrorista que segara 2,977 vidas en las Torres Gemelas, Washington y Pensilvania.
¿Cómo reaccionarán en Estados Unidos a la llegada de centenares de mexicanos y estadounidenses que en cada una de las 27 ciudades armarán debates, manifestaciones, vigilias, caminatas mientras reúnen firmas para hacer varias peticiones a Barack Obama? Estados Unidos es extraordinariamente diverso y complejo; algunos desprecian a mexicanos; otros muchos nos acompañan en pensamiento y acción ante las tragedias humanitarias que devastan nuestro país.
La delegación mexicana confrontará esa diversidad y tendrá que dar un brinco cualitativo en la forma de relacionarse con el "otro lado". Puede hacerlo porque se han ido diluyendo aquellos límites impuestos por los gobiernos priistas sobre la forma en que debíamos relacionarnos con el mundo. Ellos ponían las mojoneras de lo "nacionalistamente correcto". Eso se acabó. Las fronteras se abrieron a las ideas y cada sector ha ido encontrando formas para vincularse con la superpotencia y otros países del mundo.
Esta Caravana que encabeza el poeta Javier Sicilia abandera sin falsos pudores una lista de temas que toca aspectos muy escabrosos de la relación: contrabando de armas, migración, lavado de dinero, política hacia las drogas, etcétera. Son terrenos minados porque están cercados por poderes fácticos de todo tipo. Se justifica salir al exterior porque al interior de México no hay esperanza y porque se atisban nubarrones en el futuro inmediato.
El muy posible regreso del PRI a Los Pinos abre una etapa incierta para la democracia, la libertad de expresión y los derechos humanos. No podemos permitir una regresión a los niveles de cultura democrática imperantes en el Estado de México. Y en la defensa de nuestros derechos la palanca externa tendrá una gran importancia. Una de las grandes lecciones dejadas por las guerras centroamericanas es que mientras el gobierno agredía, algunos sectores de la sociedad estadounidense defendían derechos fundamentales. Esto último hizo la diferencia.
¿Para qué servirá la Caravana? No lo sé. Uno puede saber cómo empiezan los romances o las marchas pero es inútil predecir las dinámicas que se desatan con acciones de este tipo. Dada la proliferación de la violencia las víctimas en ambos países deben lanzar acciones como ésta; es insensato e ingenuo confiar en que los dos gobiernos se preocuparán en proteger a las poblaciones afectadas. Están atrapados en las redes de su debilidad y en las telarañas tejidas por los poderes fácticos.
La Caravana tal vez no corrija todas las injusticias, pero lo intentará. La dignidad se conquista innovando en la defensa de los derechos.
 
LA MISCELÁNEA
El viernes 10 de agosto en El Colegio de la Frontera Norte impartiré la conferencia: "De Tijuana a Washington. Lógica y significado de la Caravana por la Paz", a las 11:00 horas de Tijuana, 13:00 del DF. Se transmitirá en directo por internet: www.colef.mx
 
 
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