Sergio Aguayo


Va porque va
05/Enero/2011
... Increpó bravucón el funcionario del gobierno capitalino arropado por centenares de granaderos. Hablaba de la Supervía Poniente y su contundencia iba contra los boletines de una oficialidad declarándose dispuesta al diálogo.
Como ya he expresado mi desacuerdo con la Supervía podría hilvanar este texto con una severa condena al gobierno de Marcelo Ebrard. Hay tela de dónde cortar: ignoró las medidas cautelares dictadas por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) y se niega a reunirse con la Comisión Civil de Acompañamiento en donde participan, entre otros, Miguel Concha, Miguel Ángel Granados Chapa y Marcela Lagarde. Es igualmente incomprensible que utilice a los granaderos para proteger a los trabajadores de las grandes empresas constructoras y para intimidar a los opositores pacíficos.

En suma, podría unirme a la polarización que tiene como extremos el "No a la Supervía" opositor y el "Va porque va" de la autoridad. En lugar de eso, llevo el texto al resbaladizo sendero de la búsqueda de alternativas. Aun cuando deseo la cancelación de la autopista de cuota, como analista debo contrastar lo deseable con lo posible, además de que es un absurdo que, ante los embates del conservadurismo, nos hagamos pedazos la izquierda partidista y social.
Con la lógica del urbanismo salvaje que impera en el país, la Supervía puede tener sentido. El gobierno de Manuel Camacho impulsó Santa Fe sí, pero, se olvidó de darle vialidades y transporte público. La invasión de los bosques de Cuajimalpa ha continuado y toda esa zona es una ratonera dorada. Se entiende cuánto les urge una autopista de cuota para trasladarse al ya caótico sur. Resulta inaceptable que la autoridad permita que esa obra amenace bosques y comunidades.

Según una cláusula del Título de Concesión las inmobiliarias podrán construir, previa autorización del gobierno capitalino, "tramos adicionales o derivaciones". En otras palabras, es falsa la afirmación oficial de que es una autopista confinada en torno a la cual revolotearán jubilosas las parvadas de pajarillos gorgoreando odas a la naturaleza. En algunos años las empresas concesionarias harán nuevos accesos para hacer negocios con bosques vitales para la capital.
Otra amenaza es que la Supervía termina en donde comienza la zona habitada de San Jerónimo. Los 80 mil nuevos vehículos que invadirán cada día Luis Cabrera incrementarán el caos ambiental y permitirán a las inmobiliarias "desarrollar" (sinónimo de depredar) los bosques y aguas de esa parte de la ciudad. La Supervía es un negocio armado para especular con tierras urbanas. Las concesiones ambientales hechas por la autoridad fueron en respuesta a las protestas sociales.
Las protestas han sido insuficientes para frenar la construcción y el primer día de este año Marcelo mostró su disposición a pagar las consecuencias plantándose en el "Va porque va". Los costos están resultando mayores a lo anticipado y creo posibles algunas correcciones que preserven el ambiente, respeten a los habitantes de la Magdalena y mejoren la civilidad capitalina.

Si Marcelo quiere ser tomado en serio como ambientalista, debe confinar del todo la Supervía cancelando la cláusula decimoctava del Título de Concesión y que hace que la obra desemboque en el Periférico Sur. Debe también ampliar los decretos de Áreas de Valor Ambiental que se hicieron para la Loma y la Barranca de Tarango a las áreas que aún siguen verdes, es decir, suelo de conservación de las delegaciones Cuajimalpa, Álvaro Obregón y Magdalena Contreras. Habría otras medidas para demostrar que su gobierno privilegia a los peatones sin automóvil.
Existen los instrumentos para un diálogo serio. Basta que Marcelo active la mediación de la CDHDF y de la Comisión Civil de Acompañamiento que, por cierto, debe enriquecerse con urbanistas. La alternativa, por supuesto, es que sigan adelante y reescriban, entonces, el himno de los granaderos para que se llame: "Va porque va".
Dialogar para repensar el proyecto de ciudad y modificar lo más aberrante de la Supervía sería una señal de que el ahora precandidato se toma en serio la participación ciudadana, el medio ambiente y la transparencia. No es poca cosa cuando se tambalea la relación entre la izquierda partidista y una parte importante de la sociedad. El "Va porque va" es ofensivo; parafraseando a un paisano de la constructora española OHL: "construirán pero no convencerán".

La miscelánea

En mi columna "Aspirante a líder" (15 de diciembre de 2010) incurrí en una imprecisión: en el juicio por difamación que gané en los tribunales mexicanos no fueron declaradas ilícitas las 29 publicaciones que presenté. Como ya habían prescrito 27, sólo fueron dos las calificadas como ilegales. Sin embargo, esos textos contenían lo esencial de la información falsa de los otros escritos. Aclaración hecha a sugerencia del abogado del demandado.

Colaboraron Alberto Serdán Rosales y Rodrigo Peña González.
www.sergioaguayo.org
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