Sergio Aguayo


Cuentas y cuentos
13/Octubre/2010

En la celebración de los 20 años del Instituto Federal Electoral (IFE) su actual

presidente, Leonardo Valdés, convocó a una refundación cultural. Pongo cifras al

planteamiento.
 

La Encuesta Mundial de Valores es un buen barómetro. Cuando nació el IFE en

1990 hizo un levantamiento de opinión que repitió cada cinco años hasta llegar al

tormentoso 2006 (las cuentas de ese último año todavía están en prensa). El IFE

contribuyó al aumento de nueve puntos en el respaldo al sistema democrático:

¡86% respaldamos esta forma de gobierno!
 

Después vinieron, qué le vamos a hacer, una cascada de malas noticias. La

primera es que languidece la disposición social a participar en asuntos públicos.

Una de las formas más comunes y sencillas de comprometerse es firmando una

petición. En 1990 lo había hecho 35%, y en 2006 sólo 21%, ¡una caída de 14

puntos! Tras la apatía está una grave crisis de representatividad provocada en

buena medida por los partidos.
 

Según la misma fuente, quienes están en el sótano del aprecio público son los

partidos que retrocedieron 6 puntos en el periodo considerado y que en la

actualidad siguen en el sótano del aprecio ciudadano. No les tenemos confianza.

Es una tragedia porque son pieza fundamental de cualquier democracia y porque,

en el caso de México, han recibido ríos de dinero. Son los hijos predilectos y

malcriados de la transición. Algunos colegas se regocijan de la existencia de un

sistema plural de partidos pues sería un claro síntoma de los avances

democráticos. La pluralidad existe en las plataformas y declaraciones de

principios, pero está ahogada en una corrupción sistémica.
 

En ese deterioro el IFE ha tenido una clara responsabilidad porque ha sido el

cómplice pasivo, el palafrenero de todos los excesos cometidos por los partidos.

¿Cómo es que no hacen nada ante partidos como el Verde Ecologista, ejemplo

vivo y cotidiano de la simulación? ¿Cómo es que guardan silencio ante las

evidencias del voto corporativo empleado una y otra vez por las huestes de Elba

Esther Gordillo? Si las elecciones son tan mediocres, en buena medida se debe a

que los partidos representan malamente la diversidad social, no forman

ciudadanía y tampoco llevan buenos cuadros al gobierno. Son, más bien, un

lastre para la democracia.
 

El IFE tampoco entrega buenas cuentas en el terreno de la pulcritud de los

comicios. Discursos van y simposios vienen pero la tercera parte de los

mexicanos creemos, con evidencia en la mano, que en la elección de 2006 hubo

un fraude. De entonces a la fecha la situación se ha deteriorado y ahora tenemos

un sistema en el cual coexisten tres tipos de elecciones. Estarían en primer lugar

las limpias y confiables, observables en las zonas urbanas. Luego viene la

geografía de la pobreza en donde los partidos, los gobiernos y los líderes locales

regatean, compran y venden los votos de los marginados. Finalmente, tenemos

las zonas en donde el crimen organizado decide por cuáles candidatos podremos

votar.
 

Habría otros motivos para que nuestra democracia no esté funcionando. Unas

líneas en un texto sobre la democracia en América Latina, coordinado por Dante

Caputo, para la Organización de las Naciones Unidas y el Programa de las

Naciones Unidas para el Desarrollo describen lo que ocurre en nuestro país. "La

existencia de elecciones libres y transparentes, el respeto de la libertad y

seguridad de las personas, la defensa de la libre expresión [y la alimentación] son

algunos de los derechos indispensables que caracterizan el mínimo legítimo de

ciudadanía. Por debajo de esos mínimos, la democracia tiende a ser ilegítima y

no responde a las condiciones esenciales de ciudadanía: en suma, no estamos en

presencia de sistemas democráticos" (La democracia de ciudadanía. Una agenda

para la construcción de ciudadanía en América Latina, OEA y PNUD, noviembre

de 2009, p. 13).
 

Leonardo Valdés es inteligente, está bien informado y entiende la magnitud de su

propuesta de renovación cultural. Por eso mismo desconcierta su decisión de

darle a Carlos Salinas el foro para lucirse como paladín de la democracia, con su

participación en La Democracia Latinoamericana. ¡Por favor! Ni en su carrera

como funcionario ni durante las elecciones de 1988 ni como Presidente ni en sus

años de autoexilio ni de regreso a México Salinas ha mostrado tener una

vocación democrática. Es una evocación del pasado autoritario. Leonardo

confunde las cuentas con los cuentos.
 

La Miscelánea
 

Hace una semana escribí que el gobierno perredista de Jiutepec, Morelos,

favorece a los depredadores del medio ambiente. Mencioné al senador Graco

Ramírez porque él encabeza ese grupo; respondió con su versión del asunto;

repliqué proponiendo un foro público para un diálogo entre los interesados sobre

el desastre urbanístico y la relación entre gobernantes y ciudadanos. El senador

respondió que él sólo debate públicamente con otros candidatos y en campaña. Y

entonces, ¿quién va a escuchar las necesidades ciudadanas?

www.sergioaguayo.org

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