Sergio Aguayo


Chatarrerías
04/Agosto/2010

En cualquier momento las secretarías de Educación Pública (SEP) y Salud (SS)

fijarán su posición sobre el tipo de alimentos que comerá la niñez el próximo año

lectivo. La palabra final vendrá de la Comisión Federal de Mejora Regulatoria

(Cofemer). ¿Privará el interés general o triunfarán las empresas que venden

comida chatarra?
 

En el 2006 salió la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición y el Instituto

Nacional de Salud Pública (INSP) prendió la luz de alarma: el país enfrenta una

epidemia nacional de sobrepeso y obesidad porque 70% de la población adulta lo

padece. La inquietud se extiende y se forja el consenso entre sociedades médicas,

universidades, organizaciones de la sociedad civil y centros de investigación

nacionales y extranjeros. Sale más y más información científicamente validada y

así sabemos que las enfermedades desencadenadas por la epidemia tienen costos

directos e indirectos de 80 mil millones de pesos por año. La Academia Nacional

de Medicina de México sintetiza el estado de ánimo al asegurar que "el costo de

no hacer nada es sumamente elevado".
 

Se coincide en que la mejor estrategia es prevenir, y ese razonamiento pone la

atención en las escuelas mexicanas donde se prepara para la obesidad a nuestros

chiquillos y chiquillas: 26% de los niños tiene sobrepeso. Los secretarios de

Educación Pública y Salud, Alonso Lujambio y José Ángel Córdova, reaccionan

positivamente y sacan los "Lineamientos generales para el expendio o

distribución de alimentos y bebidas en los establecimientos de consumo escolar".

El documento, difundido el 26 de mayo pasado, recibe un amplio respaldo.

Como el gobierno federal tiene sobrepeso, la norma burocrática dicta que los

"Lineamientos" sean enviados a la Cofemer, un órgano desconcentrado de la

Secretaría de Economía, que hace una consulta pública que hasta hoy ha recibido

860 comentarios; 687 de la sociedad, 163 de la industria y 10 de agencias de

gobierno. El 22 de julio emite un dictamen preliminar que refleja con fidelidad

los puntos de vista de las empresas interesadas en el asunto: Coca-Cola, PepsiCo,

Sabritas, Grupo Jumex, Grupo Bimbo, etcétera.
 

La parcialidad es comprensible porque entre los invitados permanentes de la

Cofemer está la cúpula empresarial en pleno. En esa institución no hay nadie

representando los intereses de los consumidores, de la sociedad y ni siquiera

tienen al académico que generalmente ponen de florero en ese tipo de

organismos públicos. El doctor Salvador Villalpando del INSP ilustra la

parcialidad al señalar que la Cofemer "no les pide a las industrias probar lo que

dicen, como sí lo hace" con quienes critican la comida chatarra.

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